Carta de los lectores
Pedir ayuda y recibir una falta total de empatía


Publicado el 13/07/2025 a las 05:00
San Fermín no solo pone a prueba la resistencia de la ciudad, también la eficacia y humanidad de sus servicios públicos. Y si hay un momento en el que estos deberían estar especialmente preparados, es precisamente ahora. Porque hay más gente, más situaciones críticas y más mujeres y niñas que, en algún momento, pueden necesitar atención sin ser juzgadas.
Quiero agradecer al Centro de Salud del Segundo Ensanche, donde al menos hubo disposición, empatía y simpatía, y al trabajador de seguridad (sí, seguridad), que fue quien realmente me atendió en el antiguo Solchaga y me derivó (sí, me derivó) a Urgencias del hospital y, posteriormente, a Urgencias de Ginecología. A todos ellos, gracias por su humanidad, por actuar donde otros no supieron o no quisieron.
Pero no puedo quedarme callada ante el trato recibido, precisamente, en el Centro de Atención a la Mujer del Segundo Ensanche. Allí, más que atención, encontré desinformación, desidia y un nivel de gestión que roza lo inaceptable. Incluso tuve que ayudar a hacer una fotocopia a doble cara. Pedí una hoja de reclamaciones y no supieron dármela. O peor: no me la dieron porque me considerarían una histérica. Ese es el nivel. Pero lo más grave fue el tono, el juicio, la falta total de empatía y la sensación de estar molestando por pedir lo que te corresponde.
No podemos permitir que un gobierno que enarbola el feminismo tolere este tipo de trato por parte de sus empleados. Porque lo que vivimos muchas mujeres no es un “caso aislado”, es un patrón. Y no, no es “nuestro problema”, ni estamos exagerando. Esa mirada caduca que nos responsabiliza por pedir ayuda, por estar en el lugar equivocado en el momento equivocado, por existir casi ... ya no tiene cabida. Es vieja, es trasnochada, y hace daño.
Lo que se necesita es formación, respeto y responsabilidad. Y si hay que empezar a tomar medidas contra empleados públicos que no solo son incompetentes, sino perjudiciales y dañan al resto de trabajadores extremadamente competentes, cuya humanidad es lo que de verdad sostiene el sistema, se toman.