El desafío de la dependencia en Navarra
Aunque Navarra tiene motivos para sentirse orgullosa, el futuro pasa por reforzar la dignidad laboral y la gestión eficaz de los equipos

Publicado el 13/07/2025 a las 05:00
Navarra se ha posicionado como un referente en la atención a la dependencia, con una inversión récord y un modelo que apuesta por la cercanía y el cuidado personalizado. Cerca de 19.000 personas reconocidas y un presupuesto que supera los 200 millones reflejan un compromiso sólido por parte de la administración foral. Los plazos para recibir prestaciones son rápidos y el número de profesionales sigue creciendo, lo que sin duda es un buen síntoma.
Pero, ¿qué entendemos por “dependencia”? En términos sencillos, la dependencia es la situación en la que una persona necesita ayuda para realizar actividades básicas de la vida diaria, como vestirse, alimentarse o moverse, debido a una enfermedad, discapacidad o edad avanzada. En España, esta situación se clasifica en grados según el nivel de necesidad de ayuda: grado I (dependencia moderada), cuando la persona necesita ayuda para algunas actividades, pero puede realizar otras con cierta autonomía; grado II (dependencia severa), cuando precisa ayuda frecuente para realizar muchas actividades básicas; y grado III (gran dependencia), cuando requiere ayuda permanente y supervisión constante.
Este sistema permite adaptar la atención y los recursos según la intensidad del apoyo que cada persona requiere. En cuanto a los medios residenciales, Navarra ha dado pasos importantes para transformar los centros en espacios más humanos, con habitaciones individuales y unidades pequeñas que buscan parecerse más a un hogar que a un hospital. Sin embargo, no todo es perfecto: la falta de personal de enfermería en algunos centros genera preocupaciones que no podemos ignorar, ya que repercute directamente en la calidad y seguridad del cuidado. El verdadero motor de este sistema son los equipos de trabajo: cuidadores, técnicos, terapeutas y otros profesionales que día a día acompañan a las personas dependientes.
La gestión de estos equipos es compleja y exige una coordinación minuciosa para garantizar una atención integral, que cubra desde el apoyo físico hasta el acompañamiento emocional. Se requiere además una formación continua y especializada para atender adecuadamente las diferentes necesidades de cada persona, lo que no siempre es sencillo de implementar. Pero uno de los mayores desafíos que enfrenta el sector es la dificultad para atraer y retener trabajadores. La dependencia es un área marcada por la feminización, con condiciones laborales que todavía distan de ser ideales: salarios bajos y jornadas intensas que generan agotamiento y rotación. Esto provoca una constante falta de personal, lo que a su vez aumenta la presión sobre los equipos existentes.
Esta situación hace aún más necesario que se dignifique el empleo, mejore las condiciones laborales y ofrezca estabilidad y reconocimiento a quienes dedican su vida profesional a cuidar de los más vulnerables. La sostenibilidad del sistema depende, en última instancia, del bienestar de sus trabajadores. Por eso, aunque Navarra ha avanzado mucho y tiene motivos para sentirse orgullosa, el futuro pasa por reforzar la dignidad laboral y la gestión eficaz de los equipos. No basta con infraestructuras modernas; el cuidado de calidad nace en el compromiso, la formación y el bienestar de las personas que trabajan en este sector. Espero que esta reflexión sirva para valorar lo que se ha logrado y para seguir exigiendo mejoras, porque cuidar bien a los que más lo necesitan es una responsabilidad de todos.
Marian Sainz Marqués. Directora de Amavir Oblatas y experta en gestión de SS y liderazgo en RRHH