Opinión
Sánchez, vente a la cuesta de Santo Domingo
Esta faena no la cantan las peñas, pero la siguen mordiéndose las uñas en Ferraz y en Moncloa. Ay, ay, ay...


Actualizado el 08/07/2025 a las 16:47
Menos cantar a San Fermín en la cuesta de Santo Domingo pidiéndole protección para lo que le viene, a Pedro Sánchez le hemos escuchado de todo. O casi, porque el pleno en el Congreso para hablar de corrupción promete. El líder de los socialistas y presidente del Gobierno anda con el corazón tocado, pero la determinación intacta. Él no se sabe. La UCO y el Supremo, desde luego. El rey del sanchismo y la guardia pretoriana que le rodea, con Puente haciendo gala de su macarrismo, no están dispuestos a que el caso Cerdán se los lleve por delante ni les mueva la silla. Que hay muchas bocas socialistas que alimentar. A ellos, que les registren.
“Me elegisteis como capitán de este barco, y el capitán no se desentiende cuando viene mala mar. Se queda a capear el temporal, a salvar el rumbo y ganar el puerto”. Muy marinero todo. Se nota que nació en Madrid, y allí, más allá de las barcas del Retiro, poco timón y poca mar. Los juegos verbales de Pedro Sánchez y sus constantes apelaciones a una supuesta épica de la resistencia para seguir en Moncloa suenan cada vez más chuscos. Para dramones ya están las telenovelas turcas. Después de cada nuevo episodio de la presunta trama de corrupción de los Cerdán, Ábalos y compañía sale el Sánchez dolorido, pidiendo perdón y diciendo aquello de que confió en personas que no lo merecían.
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Lágrimas de cocodrilo. Perdón piden los niños, presidente. Los adultos asumen las responsabilidades de sus actos. Y los suyos tienen directamente que ver con la elección de sus colaboradores más estrechos. Y vaya ojo el suyo para elegir compañeros de coche. Poco más que añadir. Mientras, semana sí y semana también, los imputados por la justicia en este caso de presuntas mordidas siguen y seguirán haciendo el paseíllo ante los jueces: Antxon, Fernando, Isabel, Javier... y la nómina sigue subiendo. Esta faena no la cantan las peñas, pero la siguen mordiéndose las uñas en Ferraz y en Moncloa. Ay, ay, ay...