Imaginemos a Messi en el encierro

"Hablamos de un agónico hueco o breve distancia que separa las cabezas armadas de un animal fiero y totémico de las espaldas de un grupo de gente que, voluntariamente, corre al límite de la taquicardia"

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Gabriel Asenjo

Publicado el 07/07/2025 a las 05:00

Se ha teorizado sobre el encierro desde distintos puntos de vista tan variados como la sociología de la fiesta, la fisiología del esfuerzo, la psicología del riesgo, el deporte, la tauromaquia, la historia, o, según Jesús Ilundain-Agurruza, profesor en Estados Unidos, desde los dilemas de la filosofía. Pero creo que la teoría más complicada de explicar es la que denominaríamos Dinámica del hueco en el encierro. El concepto nace de una charla con el escultor Eduardo Chillida sobre la construcción de espacios vacíos no en la materia escultórica, sino en las artes motrices; es decir, en el ejercicio de un ser humano por ocupar espacios, por ejemplo, en el ballet, en la pelota o en el fútbol. En el caso del encierro, a diferencia de la escultura, el vacío negativo de Chillida no se configura entre la madera, el hierro, el barro o el hormigón. 

Hablamos de un agónico hueco o breve distancia que separa las cabezas armadas de un animal fiero y totémico de las espaldas de un grupo de gente que, voluntariamente, corre al límite de la taquicardia. Un espacio tan estético como fugaz y anárquico que aparece y desaparece. Se trata de ese hueco dinámico que nos muestran las cámaras aéreas de televisión. Un breve vacío que se mueve, desplaza, cambia de posición y se forma y deforma en cada zancada y en cada metro; y que el corredor anhela con todas sus fuerzas invadir para poder vivir unos microsegundos en ese hábitat de miedo y placer. Ese espacio construido de materia humana por delante y por toneladas de carne animal por detrás, y que algunos corredores suelen recordar como los momentos más intensos de su vida en los que uno se siente elevado y único, debido, afirman, a la proximidad de un toro.

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Leyendo en este periódico las experiencias de los fotógrafos veteranos de los encierros, sugiero que a ese Big Bang de la carrera donde toro y corredor subliman toda su energía, estética y presencia, deberíamos llamarlo la luz interior del encierro, y que José Luis Bayona, pionero de las fotografías gigantes del encierro colgadas en la Plaza del Castillo, afirmaba que encontrar lo que casi no se ve, ese hueco de luz que ilumina a toros y mozos, equivalía a adivinar el espacio por el que va a circular el balón antes del gol. Confieso que cuando he tratado de explicarme en distintos foros sobre Ciencias de la actividad física en torno a la importancia de la inteligencia senso-motriz para ganar la posición al toro y apropiarse del hueco en las carreras de los encierros, solo se me ha entendido cuando he recurrido al ejemplo de aquel Messi bendecido de un talento motriz especial. 

Messi o Iniesta dotados de una mirada anticipatoria para detectar vacíos imposibles donde colocar esa esfera rebelde que es el balón, improvisando espacios, a veces inverosímiles, que sólo los genios vislumbran. La diferencia con otro tipo de deportes es que la construcción de los huecos del encierro no se puede programar desde la estrategia de pizarra que sostiene el entrenador. Es por eso que el encierro atrae masas toda vez que, como en el deporte, se construye en la emoción de una incógnita en torno a un resultado incierto (como una Liga, una carrera o un ascenso en el Himalaya). Una duda sobre un final que puede ser de muerte aunque, como sostiene el experto pamplonés Javier Manero, asistimos cada vez más a encierros demasiado previsibles, aunque la previsibilidad ante un toro la carga el diablo. Pero mientras el ser humano contemporáneo, como observa el maestro de la sociología José María Cagigal, cada vez más proclive a contratar todo tipo de seguros, paradójicamente, elija libremente la aventura e inseguridad del riesgo en Pamplona, quiéralo o no, ese corredor o corredora se seguirá convirtiendo en un espectáculo en sí.

Gabriel Asenjo. Doctor en Ciencias de la Información.

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