"¿Y por qué se pone a prueba de ese modo? Porque aunque todos llevamos una montaña interior, pocos caminan por ella"

Actualizado el 28/06/2025 a las 23:40
Por qué quieres subir la montaña más alta del mundo?”. La respuesta de George Mallory antes de acometer la ascensión al Everest fue paradójica en su sencillez zen: “Porque está ahí”. En medio de una actualidad nada zen, un hombre al que conozco desde que era un adolescente ha viajado desde México para caminar solo durante más de cuarenta días desde el Cabo de Creus hasta Irún. Es la ruta GR-11, conocida como la Transpirenaica. Se bañó en el Mediterráneo y llenó una botellita de agua para llevarla hasta el Cantábrico. Luego, comenzó a caminar. Sigo su recorrido a través de una aplicación telemática. En cuatro días ha recorrido muchos kilómetros bajo un calor mauritano. Poco a poco, va tomando altura hacia los picos que, a pesar de sus desniveles, harán más llevadero este ferragosto adelantado.
Como lo conozco, y sé que su carácter está más próximo a la metódica disciplina prusiana que al tópico del mexicano tumbado con un sombrero, sé que sólo una lesión podría desalentarlo. Con treinta años en cada pierna, me admira su determinación y valor, tanto por lo que su caminata solitaria tiene de aventura deportiva como por su carácter de viaje interior. Echarle un pulso a la edad, sí, pero sobre todo uno mismo: alguien que camina ajeno a la zafiedad del mundo, concentrado en cada paso, en las señales del cuerpo. Caminar mucho tiempo a solas facilita el trance meditativo. Y el asombro. Al parecer, las legiones romanas eran capaces de marchar cincuenta kilómetros al día, pero mi amigo no pretende conquistar territorios en nombre de nadie. Su trazado sobre el mapa es un camino interior, la conquista de uno mismo.
George Mallory sobrevivió a las trincheras de la Primera Guerra Mundial, pero no sobrevivió al Everest. Aún se discute si antes de morir congelado, regresaba de la cima o se perdió en la ventisca a pocos metros de ella. Mi amigo camina ahora, mientras escribo, ajeno a la obsesión por las historias de superación. La suya es una aventura interior. ¿Y por qué se pone a prueba de ese modo? Porque aunque todos llevamos una montaña interior, pocos caminan por ella.