Trump, presidente de la guerra

El bombardeo de instalaciones del programa nuclear iraní, decidido por Trump a espaldas del Congreso, extiende la alerta roja a todo el mundo y encona el choque Israel-Irán

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Editorial DN

Publicado el 23/06/2025 a las 05:00

La desinformación que difunden ambas partes vuelve imposible determinar, de momento, el alcance del bombardeo ordenado por Donald Trump contra emplazamientos clave del programa nuclear de Irán. Tan difícil resulta creer al presidente de Estados Unidos cuando proclama que fueron “completamente destruidas” las instalaciones de Natanz, Isfahán y Fordo -esta última la auténtica joya del régimen, a 40 kilómetros de Qom, el ‘Vaticano chií’- como dar crédito al empeño de Teherán en minimizar los daños, por más que las infraestructuras de enriquecimiento de uranio pudieran haber sido evacuadas con antelación y el material guarecido en otros lugares.

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El hecho de que los B-2 que cruzaron el mundo desde Misuri desencadenaran un ataque quirúrgico, supuestamente comunicado con antelación al país víctima de los bombardeos, no debería considerarse prueba de prudencia de la Casa Blanca. El presidente se ha embarcado en un conflicto que los estadounidenses mayoritariamente desaprueban, sin que medie declaración oficial de guerra, ni autorización explícita del Congreso. Plantear una operación de ‘entrada y salida’, y añadir que “ahora es tiempo para la paz2, hablaría en cambio de un ataque llevado a cabo desde la arrogancia que solo presta oídos a las urgencias internas de Israel.

Los cinco meses de su segundo mandato han bastado para acreditar la alergia de Trump hacia la legalidad internacional. La urgencia por secundar el frente que abrió hace diez días Benjamín Netahyahu con su ataque “preventivo” a territorio iraní no venía avalada ni siquiera por la directora de Inteligencia Nacional de EE UU. El primer ministro israelí se ha pasado décadas advirtiendo de que Teherán estaba a punto de fabricar la bomba nuclear, sin conseguir arrastrar a un choque directo al mandatario de turno en Washington. La Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA) deberá analizar en su reunión de hoy hasta qué punto su afirmación de que los iraníes incumplían sus obligaciones de no proliferación allanó la crisis ahora desatada. Y sus imprevisibles consecuencias para todo el mundo.

En la última semana, Netanyahu y su campaña de bombardeos y asesinatos de científicos y altos mandos militares de Irán llevaron de la mano a Trump a envalentonarse contra un régimen fanático, con ambiciones de hegemonía en la región, inspirador de guerras indirectas y terrorismo, y confrontado con Occidente. Pero sin que existiera evidencia de un ataque nuclear inminente ni para Israel ni para EE UU.

A la agresión sin provocación sigue ahora la difusión del temor por la represalia que puede ordenar Alí Jamenéi, de 86 años, encerrado en un búnker y privado de sus colaboradores asesinados. Las diezmadas milicias de la resistencia no acudirán en ayuda del ayatolá supremo. Con una respuesta contra intereses estadounidenses arriesga el fin del régimen. Pero no le resultará fácil volver a la negociación interrumpida por la necesidad de Israel de desplazar el foco de atención de sus atrocidades en Gaza.

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