Carta de los lectores

Gratitud desde el corazón de una docente

Interior de un aula
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Isabel Armendáriz Monasterio, docente

Publicado el 23/06/2025 a las 05:00

Agradecer, sí. Agradecer siempre. La gratitud es un gesto contagioso.

He tenido el privilegio de ser reconocida en el concurso “Gracias profe”, en el que un alumno a través de un texto ha elogiado mi labor, y ahora me toca a mí devolver esta satisfacción a los organizadores de este evento

Quiero agradecer profundamente - Aula 2, Onda Cero, Diario de Navarra, Leclerc, Troa, Osasuna, Fnac y Caja Rural- por apostar por una iniciativa que va mucho más allá de un certamen. Habéis creado un espacio donde la gratitud se convierte en puente entre generaciones, donde el reconocimiento a la labor docente se hace visible, tangible y compartido. Vivimos en una sociedad que corre demasiado deprisa sin un foco claro. Vivimos en un entorno en el que el gesto de detenerse a agradecer resulta extraordinario (¡qué pena!). Vivimos en un mundo donde prevalecen las exigencias y las reclamaciones. Por ello, se agradecen estas pequeñas iniciativas cargadas de humanidad que nos anclan en lo verdaderamente importante. En mi caso, me recordó porqué elegí la profesión de docente poco valorada en la actualidad. Todos opinan sobre la educación, todos dan lecciones de cómo deberían ser las clases, del nivel de exigencia, del tipo de trabajos, de las correcciones y la presión de la nota final siempre se encarga de “machacar” al docente. Todo ello, entre papeleo, memorias, informes, entrevistas. Y para rematar esa decepción, surge el topicazo: ”¡No os quejaréis de tener tantas vacaciones!”. Sin embargo, pocos se atreven a entrar en un aula con más de 30 cabecitas expectantes.

Pero en ese maremágnum, llega el reconocimiento de un alumno. Ese soldado de trinchera que en lugar de un fusil esgrime una flor y te la entrega con un abrazo. Este gesto no lo puede sustituir la inteligencia artificial. Este agradecimiento se saborea como un premio Cervantes en el mundo de las letras. Quizás suene a hipérbole, pero el mundo de la docencia es el reino de la pasión.

Considero que no se puede transmitir aquello en lo que no crees, por muchos conocimientos de la materia que se hayan atesorado. Enseñar es algo más que impartir contenidos y aplicar destrezas. Es confiar, insistir, acompañar, escuchar, sostener, motivar. Ser docente es evitar la rutina y la mediocridad, es caminar muchas veces en silencio, sembrando sin saber cuándo llegará la cosecha. Hay que ser paciente para recoger ese fruto que lo encuentras casualmente al volante de una ambulancia, en un estudio de arquitecto o en las páginas culturales del periódico.

Todo llega y este concurso es un anticipo de esa cosecha. “Gracias, profe” no es solo un concurso: es una semilla de humanidad, de respeto, de comunidad. Es una forma de construir una sociedad navarra más consciente, más agradecida, más justa. Es una manera clara de recargar las pilas de la docencia al reafirmarnos en nuestro proyecto de construir un futuro mejor.

“Un niño, un profesor, un libro y un lápiz pueden cambiar el mundo” (Malala Yousafzai, escritora).

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