¿Chupinazo politizado, sí o no?

Actualizado el 11/06/2025 a las 23:44
El precursor del Chupinazo sanferminero fue Juanito Etxepare, un estanquero republicano que, allá por el año 1931, pidió permiso al Ayuntamiento para tirar unos cohetes en la plaza del Castillo. A partir de 1941, el lanzamiento se trasladó al balcón consistorial. El honor de prender la mecha ha recaído tradicionalmente en los políticos municipales. Ocasionalmente, el afortunado ha sido elegido por el alcalde y, en la actualidad, la designación compete a la ciudadanía.
La selección de los aspirantes de este año incumple la resolución de alcaldía que regula el procedimiento, que considera elegibles “a la persona o entidad que se haya distinguido por su contribución a la ciudad en los ámbitos social, académico, científico o cultural”. A diferencia de los restantes candidatos, cuya vinculación con Pamplona, cuando no con la fiesta misma, es evidente, la recientemente constituida Yala Nafarroa se centra en la defensa de una causa -enteramente legítima- allende nuestras fronteras, como la palestina.
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Las bases excluyen, además, a las entidades de carácter político, y no cabe duda de que Yala, militante “contra el genocidio y la ocupación, por una Palestina libre” lo es, pues, a diferencia de otros organizaciones con fines exclusivamente humanitarios, como la Cruz Roja o Médicos sin Fronteras, Yala, según su propio manifiesto, persigue objetivos tan inequívocamente políticos como el cumplimiento de las resoluciones de la ONU que conciernen a Israel y Palestina, el reconocimiento del estado palestino por parte de la comunidad internacional, la suspensión de relaciones diplomáticas y de asociación comercial y militar preferente con Israel… Añádase a ello que entre sus socios figuran decenas de entes políticos. Las irregularidades no acaban ahí, pues en la elección de los finalistas no se contabilizaron los votos de dos miembros por no puntuar a cinco candidatos, cuando la norma estipula que “las asociaciones y colectivos representados podrán votar hasta cinco candidaturas”. “Hasta”, según la RAE, indica “el límite máximo de una cantidad variable”. De haberse admitido tales sufragios, la familia Idoate probablemente habría optado a tirar el Chupinazo, en detrimento de Yala, de la que le separó un solo voto. Que el Ayuntamiento incumpla arbitrariamente su propia normativa huele a cacicada. Que nadie lo denuncie, evidencia la escasa calidad de nuestra vida democrática.
Así las cosas, Yala, la finalista con menor apoyo, puede resultar vencedora, pues a la dispersión del voto favorable a las opciones apolíticas, se añade la insuperable capacidad de movilización de la izquierda abertzale, impulsora de dicha candidatura a través de unas peñas que controla férreamente.
Quede claro que las anteriores objeciones nada tienen que ver con la opinión que cada cual tenga sobre el conflicto palestino-israelí. Y, para disipar dudas, manifiesto que comparto de la A a la Z la denuncia de la catástrofe humanitaria que azota a la castigada población de Gaza. Me resulta insoportable la indolencia con la que asistimos al diario aniquilamiento de civiles que vagan hambrientos por paisajes fantasmagóricos. La respuesta de Israel excede, a mi juicio, del legítimo derecho de defensa, sin olvidar que este drama de proporciones bíblicas trae causa del despiadado ataque que los terroristas de Hamas perpetraron aquel aciago 7 de octubre del 2023.
Las imágenes del Chupinazo pamplonés dan la vuelta al mundo. Es muy tentador servirse de este acontecimiento viral para colar mensajes ajenos a la fiesta. Los abertzales llevan décadas haciéndolo, sembrando la plaza consistorial de ikurriñas y de pancartas a favor de los terroristas presos. Si este año acabamos cediendo el protagonismo del cohete a uno de los más enquistados conflictos internacionales, estaremos dando un pasito más.
Siempre he abogado por despolitizar los Sanfermines, que han de servir para hermanarnos. Mezclar la explosión festiva con el contencioso palestino-israelí frustra dicho deseo. La agria polémica que ha rodeado la reciente edición de Eurovisión debería disuadirnos. Dudo mucho que abrir este melón contribuya a recuperar el podio de las fiestas populares más valoradas de España, que hemos perdido.
Los Sanfermines serán, en todo caso, lo que nosotros queramos que sean. Pero, si decidimos convertirlos en un altavoz para los desheredados del mundo, cámbiense las bases para que nadie pierda el tiempo apoyando candidaturas al Chupinazo que no compiten en esa misma liga, como nuestros gaiteros, por ejemplo. De seguirse esta dinámica, el próximo lanzamiento bien podría recaer en la comunidad ucraniana aquí asentada, pues, admitido que toda vida tiene el mismo valor, las víctimas provocadas por la invasión rusa sobrepasan, con creces, a las palestino-israelíes, aunque no veo yo promoviendo dicha iniciativa a unos abertzales, próximos a Putin.
Acaben como acaben estas cuitas, disfruten, eso sí, de las mejores fiestas del mundo, máxime este año en el que el Ayuntamiento, tras el estacazo que nos ha atizado Bildu con la contribución urbana, dispone de más recursos que nunca para que así lo sean.
Manuel Sarobe. Notario