Carta de los lectores
La baldosa, el taxista y Urgencias


Publicado el 09/06/2025 a las 05:00
Unas líneas para dar las gracias. Al hilo de la petición pública de disculpas de los trabajadores de Urgencias hospitalarias por no poder proporcionarnos la atención que les gustaría y, ante la respuesta, como de costumbre, sacando balones fuera por parte de las jerarquías políticas, me atrevo a recordar un reciente episodio como usuario de urgencias
La tontería por mi parte de correr por una villavesa, tropezar con una baldosa y aterrizar en el suelo con la cara como único freno, esconde también su parte positiva cuando vas descubriendo a la gente generosa de tu barrio y que el interior de cada uno de nosotros esconde algo extraordinario.
En el momento del bofetón, te asalta la impresión de que estás haciendo el ridículo, boca abajo, y con la sensación de que te ha pateado la cara y las costillas un encierro de vacas bravas.
Luego te levanta del suelo un montón de gente que te llena de consejos y de pañuelos para la sangre , y enseguida un taxista se ofrece para llevarte al centro de salud más próximo a riesgo de que le pongas perdido el asiento del taxi, así que hay que empezar a dar las gracias por la solidaridad que te vas encontrando en el camino.
Luego, cuando en tu centro de salud te atienden y remiten a Urgencias hospitalarias observas que llegas hecho un cromo, con cierto parecido difuso entre la cara hinchada de Caravinagre y el Verrugas.
Es en ese momento cuando el paciente abandona su ego en la puerta, algo que recomendaría por saludable a muchos políticos: dejar su ego atrás y trabajar por dar mejores soluciones a la ciudadanía a sus sanitarios.
Más de seis horas de pruebas y esperas en urgencias vienen a ser también como un microlaboratorio de sicología social que nos delata en nuestras fobias, miedos, adicciones y nervios.
Te encuentras con que, de momento, no hay un asiento libre. Que el tiempo a tu alrededor pasa a fuego lento con un 90 % de pacientes masticando resignados su dolor, y con, aproximadamente, un 10% incapaz de asumir que la gravedad del enfermo marca el turno de atención.
Son estos, en general, una minoría que cuando pasa cerca alguien del personal sanitario elevan la voz para que se les escuche comentarios, en algún caso, barnizados de racismo como, por ejemplo, que ahora se atiene antes a los de fuera y que los navarros somos pacientes de segunda.
O que a los de los pueblos se les debería atender antes porque vienen de lejos y además deben pagar el negocio de un parking a los de Pamplona. Escuchas que cuanto más impuestos pagamos peor estamos...Aunque siempre hay alguien que te consuela afirmando que es peor llegar a Urgencias en Sanfermines.
Pero una experiencia en Urgencia puede redescubrir la bondad de un bien en retroceso: el roce humano. A diferencia de otros departamentos de la Administración, al menos, no te contestan que pidas cita previa o que te busques la vida por Internet.
Sometidos a estrés, a la tensión de un paciente con dolor, al agotamiento o a la falta recursos humanos, confieso que me he encontrado con la responsabilidad, competencia y generosidad de todo un equipo de gente comprometida con el derecho a la vida y la salud.
Al final acabas convencido de que, pese a que hagamos un uso abusivo de las urgencias, con mejor atención primaria y menos listas de espera desesperantes, el trabajo de los sanitarios resultaría más eficiente y llevadero.
Hoy que casi todo se mide en valores de productividad, yo diría que resulta difícil hacer más con menos. Y un consejo: miremos más al suelo que a la pantalla del móvil. Las calles de Pamplona ocultan demasiadas trampas en las aceras.