Una Navarra cohesionada en su diversidad

Publicado el 25/05/2025 a las 05:00
Hemos llegado a casi la mitad de una legislatura que la encuadro en un ciclo político más amplio que sin duda arranca en 2015 con el signo de diferentes gobiernos progresistas. Un cambio político que sustituyó a mayorías políticas distintas con otros modelos sociales e institucionales. En ocasiones contrapuestos.
Sin embargo, quiero creer que más allá de alternancias electorales, se está consolidando un modelo de sociedad basada en un desarrollo económico no reñido con la sostenibilidad medioambiental que permite un Estado de bienestar ambicioso basado en los servicios públicos. Desarrollo y creación de riqueza sostenibles, en una Navarra que aspira a la cohesión territorial y social; orgullosa de su autogobierno, con voz propia en Europa. Una sociedad diversa y plural con dos lenguas que conviven.
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Estos son los pilares que configuran las bases de la Navarra del presente, fruto de un cambio social, que avanza a pesar del ruido interesado político y mediático del que nuestra tierra no escapa, pero que, hasta el momento, queda lejos del volumen atronador a nivel estatal e inquietante a nivel internacional con un crecimiento de las corrientes involucionistas.
Pero debemos mantener la alerta y tenemos que consolidar esa transformación estructural desde la búsqueda de consensos lo más amplios posibles. Este Gobierno del que soy vicepresidenta es una muestra de la importancia del acuerdo entre diferentes, Acuerdo, diálogo, pacto, consenso. Trabajando en auzolan con la ciudadanía, en un sirimiri que impregne políticas basadas en los Derechos Humanos para todas las personas.
Desde el observatorio que me proporciona el departamento Memoria y Convivencia, Acción Exterior y Euskera, creo que apuntan luces de esperanza, pero también señales de preocupación. Pero creo que la sociedad y sus representantes políticos hemos asumido, no sin esfuerzo y a veces con contradicciones, principios básicos en todos esos ámbitos.
Por supuesto apuntalar que la Memoria no es una cuestión del pasado sino un valor de futuro en la construcción de una sociedad democrática. Que no hay víctimas de unos o de otros, que son de todas y que nunca, en ningún lugar ni por ninguna razón (ni siquiera la “razón de Estado”) se puede justificar la violencia o la vulneración de la dignidad y los derechos humanos.
También, salvo excepciones, se empieza a percibir algo que los distintos estudios sociolingüísticos vienen constatando: el euskera como lengua de convivencia y cohesión social que debe alejarse de las refriegas partidistas. Y, finalmente, que esta Navarra nuestra puede y debe estar en ese espacio fronterizo y en Europa, una realidad de la que por desgracia y por diferentes complejos y obsesiones, venia casi de una desconexión ideológica de quienes protagonizaron un “Navarrexit” en su momento.
Se ha avanzado mucho en estos dos años en temas que parecían antes imposibles como el reconocimiento integral de todas las víctimas y la deslegitimación de la violencia con fines políticos. Con sus tres contextos diferenciados. Sin equiparaciones ni diluciones. Los dos actos públicos y el medio centenar de casos reconocidos en virtud de la Ley de Reconocimiento y Reparación de las víctimas de violencia de motivación política han marcado esta primera parte de la legislatura. Mientras se ha continuado el trabajo en la memoria histórica -donde Navarra es referente a nivel estatal e internacional en tiempos de involucionismo- lo mismo que en el caso de las víctimas del terrorismo, especialmente de ETA. Sobre todo, con las nuevas generaciones, con programas como Escuelas con Memoria por la paz y la convivencia, o Eskutik. Para que nunca más se repita nada de esto.
Todo ello se reflejará en el segundo Plan Estratégico que se está ultimando, pero sobre todo en nuestras políticas del día a día. La convivencia y el respeto no es destino sino una forma de caminar. Y también la convivencia lingüística. Las lenguas suman, no restan. Conviven, no enfrentan. Y precisan de una Administración que como servicio público debe atender a esa ciudadanía cada vez más bilingüe. Hoy hay más de 170.000 navarros y navarras que conocen nuestra lengua. En estos dos primeros años de legislatura se ha logrado materializar, dos herramientas muy importantes en este sentido: los planes lingüísticos departamentales (plazas bilingües) y el decreto de méritos. Se ha superado así en cierta manera, la anomalía que suponía que en la zona mixta no se valorará el euskera. Queda camino por recorrer; este paso no ha sido un final sino un inicio de una mirada a esa sociedad cada vez más euskaldun y plurilingüe. Y debemos seguir fomentando su uso, porque una lengua que no se habla es una lengua muerta. Sabiendo que el euskera, como el resto de lenguas minoritarias, afronta importantes retos en un contexto caracterizado por la diversidad social, la globalización y la uniformización y en donde las grandes lenguas francas dominan.
Porque Navarra no es una isla. Ni quiere serlo. Nuestra Navarra mira al exterior (acabamos de aprobar el II Plan Estratégico) con ojos y alma europea. Reforzar la presencia de Navarra en Europa y de Europa en Navarra, especialmente desde lo transfronterizo, pero también en Bruselas, está en nuestro ADN. Trabajando desde lo local a lo global. Y no solo por el retorno económico que traen los proyectos europeos, sino por un compromiso ético y político con una Europa que hoy en día, con sus defectos, es la reserva mundial de los valores democráticos y el Estado del Bienestar.
En todas estas líneas trabajaremos en la segunda parte de esta legislatura, construyendo nuevos consensos público-privados. Consensos entre lo rural y lo urbano, intergeneracionales, migratorios, interidentitarios, lingüísticos, ideológicos… que nos acerquen a una Navarra más prospera, cohesionada y sostenible en un marco de valores democráticos. Porque la democracia no se regala y la humanidad puede retroceder sino la cuidamos todas y todos.
Ana Ollo. Vicepresidenta segunda del Gobierno y consejera de Memoria y Convivencia, Acción Exterior y Euskera.