El efecto Doppler y el bucle ferroviario

Publicado el 23/05/2025 a las 05:00
Con la exasperante lentitud a la que nos tiene acostumbrados el Gobierno de Navarra, y siempre con información facilitada con cuentagotas, hace unos días, el equipo redactor de la modificación del vigente Plan Sectorial de Incidencia Supramunicipal del TAV (figura urbanística más conocida por el acrónimo PSIS), presentó en el Consejo de la Gerencia de Urbanismo de Pamplona un nuevo borrador del mismo que resulta sorprendente porque, en la práctica, supone un retorno al punto de partida, además de que resulta revelador que a estas alturas se esté hablando de “un borrador” en vez de documentos firmes.
Para entender lo sucedido hay que hacer una breve cronología de los hechos previos. El PSIS original se aprobó definitivamente en 2010, la última alcaldía de Yolanda Barcina, bajo la presidencia, también última, de Miguel Sanz, ambos de UPN. El plan, entonces apoyado por el Partido Socialista, contemplaba aproximadamente 9.500 viviendas. En 2015, en el último año de la primera alcaldía de Enrique Maya, se aprobaron inicialmente los proyectos de urbanización y reparcelación, estableciendo un horizonte cercano para la construcción de las primeras viviendas y la regeneración del barrio. Esto también fue apoyado por el Partido Socialista, a pesar de la paralización a la que lo sometió el consejero del PSN Astiz empeñado en ubicar la estación en la terminal de carga de Noáin, durante la vicepresidencia de Roberto Jiménez,
Además de la furiosa oposición al TAV por parte de la extrema izquierda de EH Bildu e Izquierda Ezkerra (hoy Contigo-Zurekin), que se basaban en el rechazo a los grandes desarrollos urbanísticos (cómo han cambiado los tiempos), hubo críticas por parte de Nabai (después Geroa Bai), que consideraban excesivas, innecesarias e invendibles 9.500 viviendas, aunque el 55% de ellas fueran protegidas.
Así las cosas, el procedimiento urbanístico fue paralizado durante los cuatro años de la primera alcaldía de Asiron y la presidencia de Barkos. Posteriormente, en su primer mandato, la presidenta Chivite quiso aparentar que lo reactivaba e inició un procedimiento de modificación del PSIS que retrotraía la tramitación al punto cero del 2010, aportando algunos cambios que pudieran justificar el cambio de postura tanto de Geroa Bai como de Bildu. Cambios que se están mostrando simplemente como maniobras dilatorias para retrasar sine die el plan. Faltaría más que se tramitara el plan en su estado original. Dejaría a la coalición progre con las vergüenzas al aire. La revisión se basó en una rebaja radical de la superficie terciaria, tan denostada por su agresividad con el comercio local, y en el aumento del número de viviendas.
Antes, para el entorno de extrema izquierda, los grandes desarrollos eran “política del ladrillo” y hoy son “resolver el problema de la vivienda”. Bienvenidos a la realidad. Esta modificación del PSIS iba a ser el paraíso en la tierra del urbanismo moderno, pero el ayuntamiento de Asiron, después de la moción de censura, presentó 89 alegaciones a dicho documento, a las que hubo que añadir, en un hecho asombroso e inédito, 10 más presentadas por el propio Partido Socialista.
Y así llegamos al momento actual, en el que el equipo redactor ha presentado en el Consejo de la Gerencia del Ayuntamiento de Pamplona el borrador de un documento que disminuye en más de 1.000 el número de viviendas, e incrementa en más de 9.000 metros cuadrados las superficies terciarias, sobre todo las situadas en término de Zizur. Teniendo en cuenta el truco del almendruco que utilizaron para aparentar un incremento mayor en el número de viviendas rebajado la superficie construida de las mismas para el cómputo, este nuevo cambio supone de facto, volver al denostado modelo de 2010, que hoy, con la opción de ejecución por fases, ya estaría ejecutado y con sus viviendas terminadas o en construcción.
10 años han pasado desde aquel 2015 en que se aprobaron inicialmente los proyectos de reparcelación y urbanización, de un PSIS que definitivamente ha entrado en bucle, un bucle que, como el ferroviario, ve cada vez más lejos su ejecución.
Echavacoiz sigue paralizado y languideciente con todos sus problemas sin resolver, Rochapea y Buztinchuri partidos por este bucle ferroviario, el viejo apeadero de San Jorge con urinarios portátiles y tercermundistas, un servicio ferroviario chavista que transporta viajeros de pié hasta Zaragoza y el TAV, que en vez de acercarse parece que se aleja cada vez más, con ese ruido creciente que anunciaría su llegada, pero que no suena, y con ese sonido grave y decreciente que se percibe cuando un tren pasa de largo, sonido que se apaga en Pamplona desde hace tiempo como un efecto Doppler triste y melancólico, definitivamente en bucle, camino de ser irreversible.
Juan José Echeverría Iriarte.
Arquitecto y concejal de UPN enel Ayuntamiento de Pamplona.