"La atención mundial parece no tener tiempo para fijarse en los muertos de hambre"

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Olga Brajnovic

Publicado el 19/05/2025 a las 05:00

Qatar le ha regalado a Trump un avión de lujo de dos pisos con dos dormitorios, nueve cuartos de baño con ducha incluida, manillas y molduras de oro, maderas preciosas y opulenta decoración (de dudoso gusto), al puro estilo de un jeque árabe para que lo use como avión presidencial y cuando acabe su mandato se lo quede. Al nuevo presidente de Estados Unidos le parece que sólo un loco rechazaría semejante regalo: un jumbo de 400 millones de dólares que le va a salir gratis.

Al multimillonario presidente no le gusta su actual avión, el legendario “Air Force One”, porque es viejo, más pequeño y no está decorado a su gusto. La nave (en realidad hay dos iguales para que nunca falte el transporte) está equipada con sistemas de seguridad avanzados, aparatos militares, defensa antimisiles y puede repostar en el aire. Pero no es un palacio, es una oficina y ese no es el estilo de Trump. La compañía Boeing está ya construyendo el nuevo “Air Force One” con los requisitos del Pentágono y estilo funcional, pero Trump no puede esperar, porque la fecha de entrega es 2029, cuando su mandato habrá terminado. Y mientras Trump se pasea entre mármoles, arañas de cristal y regalos de 400 millones de dólares durante su primer viaje internacional por los países ricos de Oriente Medio, ahí al lado, en Gaza, miles de personas se agolpan con sus platos vacíos día tras día en un desesperado intento de llevarse a casa algo para comer y no morir de hambre después de dos meses y medio de bloqueo total de los suministros de alimentos, agua y energía. 

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Ya se han registrado muertes por inanición, mientras los camiones de ayuda humanitaria se amontonan rebosantes en las fronteras sin poder pasar. Son víctimas que no suben a las estadísticas de muertos y heridos por bombardeos. Perecen agotadas y en silencio cuando ya no tienen quien vaya hasta el punto de reparto de comida que aún funciona a esperar y extender sus platos vacíos con la esperanza de que llegue alguna cucharada. Los primeros en morir son los más débiles: los niños pequeños y los ancianos. Pero la atención mundial parece no tener tiempo para fijarse en los muertos de hambre. No lo ha hecho con África en años y no lo hace en Gaza ahora. La tinta líquida y digital ha corrido en estos meses para discutir las consecuencias de la guerra comercial iniciada el 2 de abril con los aranceles que han subido y bajado según el humor del inquilino de la Casa Blanca.

El jeque de Qatar, el del regalo del avión, que al parecer apoya a Hamas, se entrevistó con Trump en su lujoso palacio después de ofrecerle un recibimiento con alfombra roja, escolta de caballos árabes, camellos y danza de espadas. Luego habló con él de negocios y probablemente de otras cosas. La víspera Hamas había liberado al único rehén norteamericano que quedaba en Gaza, ¿otro “regalo” para Trump? Mientras tanto, Israel acaba de decidir el despliegue de más tropas y armamento en Gaza. Las incursiones por tierra en la franja habitada por palestinos ya no son temporales sino permanentes. El ejército israelí entra para ocupar territorio y desplazar a la población. Los habitantes están confinados en áreas cada vez más reducidas y demolidas. Y de momento, Israel no ha encontrado a los rehenes que tiene en su poder Hamas desde hace 20 meses.

Estados Unidos, Israel, los países árabes y Egipto están hablando sobre dónde podrían ir los 2,3 millones de habitantes de Gaza cuando quede totalmente ocupada. Los países vecinos no quieren o no pueden asumir esa carga y se habla de enviarlos a Somalia. La idea del destierro masivo que lanzó Trump hace meses cada vez está más cerca de hacerse una realidad. Pero de momento ningún país quiere acoger a los palestinos ni se buscan soluciones para los millones de personas afectadas por la crueldad de una guerra que ha costado ya 53.000 muertos por bombardeos y ahora también mata de hambre.

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