Tomás Caballero y la hipocresía de Bildu

Actualizado el 17/05/2025 a las 23:50
El 9 de enero de 1998, Tomás Caballero, portavoz de UPN en el Ayuntamiento de Pamplona, condenó el asesinato del concejal popular de Zarauz, José Ignacio Iruretagoyena. El regionalista, dirigiéndose a los ediles de Herri Batasuna, les espetó: “Debemos plantar cara no sólo a los asesinos, sino también a quienes les jalean, les apoyan y nunca les condenan. Me estoy refiriendo a los miembros de HB”, a lo que, emocionado, añadió: “No les llegamos a pedir que condenen los asesinatos, pero pidan que no maten, pidan que no maten…”.
Lejos de repudiar el asesinato de Iruretagoyena, Batasuna presentó una querella criminal por calumnias e injurias contra Caballero, a quien reclamaron 90 millones de pesetas. El pleito no prosperó, pues el juez enmarcó sus manifestaciones en la crítica política, amparada por el derecho a la libertad de expresión consagrado en nuestra Constitución. ETA aplicó su propia justicia, y el 6 de mayo asesinó a Tomás Caballero. Joaquín Pascal, concejal de un PSN en las antípodas del actual, se dirigió así a los regidores batasunos: “Hoy se ha producido una vez más lo que otras veces, HB apunta, ETA dispara; HB presenta querella contra Tomás Caballero, HB hace que Tomás Caballero sea una diana”.
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La sociedad navarra quedó conmocionada. Centenares de jóvenes se arrodillaron ofreciendo su nuca a ETA. 40.000 personas se manifestaron en la plaza del Castillo. Pamplona se paralizó el día del funeral, en el que el arzobispo Sebastián predicó: “No se puede matar, ni se puede apoyar a los que matan, ni se puede apoyar a los que apoyan a los que matan”. El Ayuntamiento concedió a Caballero la Medalla de Oro de la ciudad, a título póstumo, con el respaldo de todos los grupos, salvo HB. Joseba Asiron firmó un manifiesto que denunciaba el atentado contra el edil de UPN, publicado el 21 de mayo de aquel año, que comenzaba así: “Nosotros, euskaldunes navarros en el umbral del siglo XXI, ante el criminal atentado cometido en Pamplona, queremos manifestar nuestra más firme y total condena del injustificable asesinato de Tomás Caballero”.
Joxe Martín Abaurrea lleva 27 años sin condenar la ejecución de Tomás Caballero. Joseba Asiron dejó de hacerlo en cuanto fichó por Bildu. Y ello, a pesar de que ambos han de enfrentar en los plenos municipales la implorante mirada de María, hija de Tomás. Hoy esta pareja gobierna Pamplona merced a unos socialistas que, por boca de la fugada Elma Saiz, juraron que el PSN jamás haría alcalde al bildutarra.
El pasado 6 de mayo a las 12 de la mañana, Joseba Asiron tuvo el cuajo de presidir en el cementerio de Berichitos el acto en el que el Ayuntamiento iruindarra rindió tributo a Caballero, cuando a las 9.30 de ese mismo día Bildu no apoyó en la Comisión de Presidencia una declaración institucional en homenaje al asesinado, promovida por su hija. La socialista Marina Curiel que, siguiendo las órdenes de Ferraz, lideró la moción de censura que regaló la alcaldía a Asirón, manifestó, sin aparente rubor, que “recordar es defender la verdad, reparar el daño y rechazar cualquier intento de blanqueamiento o equidistancia.” No entiendo nada.
UPN denunció asimismo la permisividad de Asiron con los carteles aparecidos en las recientes fiestas de la Txantrea, subvencionadas por el Ayuntamiento, que ensalzaban a los asesinos del concejal pamplonés. Recuerden que la peña Armonía Txantreana ya dedicó su pancarta a Patxi Ruiz, uno de sus matarifes, hecho que el Parlamento condenó, salvo Bildu, representada por Bakartxo Ruiz, la exportavoz que ignora si matar estuvo bien o mal, hoy a cargo de la educación de los txikis en mi añorada Ikastola San Fermín.
En este contexto se celebró la vista por la demanda interpuesta por Asirón contra Vox por llamarle “el alcalde etarra de Pamplona”. Joseba Asiron ha perdido el juicio. Hay que ver qué piel tan fina tienen estos demócratas de pacotilla acostumbrados a ir de matones -7 de julio, calle Curia- cuando alguien les planta cara; y qué alérgicos son a la libertad… ¡de los demás! Solo le queda aflojar las costas. Asiron dijo que Vox vulneró su honor. Me pregunto qué honor puede tener quien es incapaz de secundar la declaración en memoria de Tomás Caballero presentada por María. Si el alcalde quiere restaurar su buen nombre, que se deje de coronas de flores y se desmarque de la cerril negativa de su formación a condenar a ETA, e impida que se homenajee a los terroristas. Cuando acabe con la Guerra Civil, claro. ¿Por qué se obstina Bildu en cronificar el insoportable dolor de las víctimas? Pues porque ello no les resta ni un solo voto, ni impide que los actuales socialistas, dispuestos a todo por el poder, se encamen con ellos. Quién sabe si todavía veremos a Asiron sustituyendo a Laura Aznal -una candidata gris- en las próximas elecciones forales, para consumar el sorpasso de Bildu a un PSN que no deja de alimentar al monstruo que, antes o después, acabará devorándolos. Justicia poética, se llama.
Manuel Sarobe. Notario