Uso problemático del móvil en los adolescentes
"Los profesionales de Suspertu (Proyecto Hombre) llaman la atención sobre el preocupante aumento de los casos que les llegan por la utilización indebida de pantallas"

Publicado el 16/05/2025 a las 05:00
Las inquietudes en torno al teléfono móvil y los problemas que su uso excesivo puede acarrear, especialmente entre la población más joven, vienen poniéndose de manifiesto cada vez con más intensidad. En la presentación de su balance de 2024, los profesionales de Suspertu, el programa preventivo de la Fundación Proyecto Hombre para adolescentes y familias, señalan que “asisten con preocupación” al aumento de casos que les llegan motivados por el uso problemático de las pantallas. Y, muy especialmente, del móvil. Los datos así lo avalan. El pasado año, supusieron el 15% de las atenciones que realizan. Y, por si fuera poco, recalcan que problemas en edades de once o doce años que antes podían resultar muy extraordinarios, ahora no lo son tanto. Además dejaron claro que la preocupación que manifiestan no es exclusivamente suya, ya que el aumento del número de demandas también se ve reflejado en las derivaciones y coordinaciones con los profesionales de los centros de salud mental infanto-juvenil.
Es pues evidente que hablamos de un problema serio, máxime cuando el abuso desmedido de las pantallas expone a los menores a múltiples riesgos: desde iniciarse en edades tempranas en la pornografía, con las derivadas que ello tiene, hasta compras compulsivas o abusos de juegos. Y si alguien debe tomar conciencia precisamente son las familias. Que el porcentaje de niños de 10 a 15 años que disponen de teléfono móvil se haya desplomado desde 2016 en la Comunidad foral en 10 puntos porcentuales es un indicativo del camino emprendido por mucho progenitores. Ellos son los que deben poner los límites, porque como muy bien indicaban ayer desde Suspertu, no se puede esperar autocontrol de niños de diez u once años. Esta es la realidad que toca afrontar, porque rehuir el conflicto ahora es abonar un posible problema futuro. Ni los móviles ni las redes sociales ni el resto de herramientas son malas en sí mismas. Pero abren las puertas a un universo para el que es necesario educar a los más jóvenes y establecer un necesario control. Los riesgos son reales y evidentes.