Filtraciones y el retrato que revelan

"La publicación de los mensajes del presidente Pedro Sánchez con su ex ministro y ex responsable de organización, José Luis Ábalos, son munición política de primer orden"

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Editorial DN

Publicado el 15/05/2025 a las 05:00

La publicación por el diario El Mundo de estos mensajes abre muchos interrogantes. Para empezar sobre el origen de la filtración, que podría provenir de la UCO, la unidad de la Guardia Civil que custodiaba los discos duros requisados a Koldo García, o del entorno del propio Ábalos. El Gobierno prefiere apuntar a la UCO. Le viene mejor. En cambio, la hipótesis de que el origen fuera Ábalos gana enteros y sería una forma del ex-ministro de presionar al propio Presidente para que le ayuden en sus causas judiciales ante las que se siente “abandonado”. Sea como fuere, el Ejecutivo habla de emprender acciones legales contra las filtraciones, pero sin especificar todavía hacia quién. Es cierto que hay detrás una vulneración del secreto de las comunicaciones que asiste a todos los ciudadanos y que es necesario esclarecer y atajar. Salvo que el origen esté en una de las personas que mantiene las conversaciones, en cuyo caso la realidad jurídica sería otra. Pero al ser conversaciones entre personas de relevancia pública y sobre asuntos de interés público, su difusión al menos es evidente que suscita y justifica el interés periodístico. 

En cuanto al fondo de lo conocido estos días, revela varias cosas alrededor de las interioridades del PSOE. La primera, la obsesión enfermiza del presidente Sánchez por el control orgánico del partido. Sus embestidas hacia los barones díscolos no hacen sino mostrar evidencias de lo que ya se presuponía. Pero lo descarnado de las conversaciones y sus adjetivos (propias, eso sí, de una charla privada) son muy aclaratorias del pensamiento y de la acción política del presidente. De su nula aceptación de la disidencia interna. La segunda revelación habla del mundo cainita y rudo de la acción política, de la que no se salva casi nadie. Llamar “pájara” a tu propia ministra de Defensa, resulta cuando menos inquietante y descorazonador. El problema no es que estas filtraciones interesadas (como todas) supongan un problema penal para el presidente, sino el desgaste que representan para su capital político por lo que revelan sin tapujos de su concepción de la vida pública como un cortijo.

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