El Rincón

Ingresar más o gastar mejor

Contribuyentes navarros haciendo la declaración de la Renta en las oficinas de la calle Esquíroz, en Pamplona /
AmpliarAmpliar
Contribuyentes navarros haciendo la declaración de la Renta en las oficinas de la calle Esquíroz, en Pamplona /
Contribuyentes navarros haciendo la declaración de la Renta en las oficinas de la calle Esquíroz, en Pamplona /

CerrarCerrar

Miguel Ángel Riezu

Actualizado el 26/04/2025 a las 22:38

La muerte del papa Francisco ha puesto patas arriba la semana informativa. Un líder espiritual y moral planetario que se ha ido en una fecha tan señalada para los cristianos como el lunes de Pascua. Con el reconocimiento general a una figura singular, muy renovador y cercano en las formas y el mensaje, pero que no se ha despegado un ápice de la doctrina de la Iglesia como algunos han pretendido.

Un final de abril marcado además por el discurrir de dos clásicos en estas fechas de incierta primavera. El regreso a la normalidad tras las vacaciones de Semana Santa y la campaña de la renta. Abril es el mes de la declaración del IRPF. Es decir, de aclarar cuentas con la Hacienda foral.

Dar valor a los servicios públicos. Los impuestos están en el centro del debate político en Navarra desde hace mucho tiempo. Por cierto, nadie con dos dedos de frente cuestiona la necesidad de pagarlos. Constituye una obligación ciudadana de primer orden. Los impuestos sirven para financiar los servicios públicos, Sanidad, Educación y Servicios Sociales entre otros muchos. Y es bueno que los ciudadanos seamos conscientes de su coste, para darles el valor que tienen, porque todo lo que ‘parece’ gratis no se valora.

En el campo de Salud los números son elocuentes. Una consulta de Atención Primaria cuesta 47 euros. Cada vez que pasamos por Urgencias tiene un coste medio de 293 euros para el sistema. Un día de hospitalización sale por una factura de 615 euros y una jornada en la UCI cuesta 2.577 euros. Y eso se costea con los impuestos, especialmente con el IRPF que es el principal de todos ellos.

Porque cuando toca exigir todos decimos “yo pago mucho más que lo que recibo”, pero es evidente que en la gran mayoría de los casos no es así de cierto. Ese es el efecto redistribuidor social de la riqueza a través de los impuestos. Que por supuesto que existe.

Un impuesto progresivo. Hay que recordar también que el Impuesto de la Renta lo pagan cada uno de los ciudadanos y en función del volumen de sus ingresos. Es un impuesto progresivo, aporta más a la caja común el que más gana. Los números de Hacienda lo dicen claro, frente a los agoreros que señalan lo contrario. La cúspide de la pirámide los ingresos la ocupan los 2.100 navarros que ganan más de 180.000 euros al año. Son apenas el 0,5% de los navarros que declaran en el IRPF, pero pagan el 11,5% (241 millones) de todo lo que ingresa Hacienda en el año por este impuesto.

Navarra tiene un IRPF muy alto, sobre todo para los que más ingresan. En la Comunidad foral, los ingresos por encima de los 334.000 euros pagan en el IRPF un 52% del total que sobrepase esta cifra, cuando en Madrid, por ejemplo, no supera el 45%. En el País Vasco este máximo es del 49%

Y esa es una de las críticas más evidentes al sistema fiscal actual de Navarra. Nuestra clase política, sobre todo la autodenominada progresista, sólo ve bien el subir impuestos. No entra a valorar otras cosas. Y hace falta mirar a nuestro alrededor, porque tener impuestos altos no quiere decir que se ingrese más. Lo que se puede es provocar la huida de contribuyentes, como ha ocurrido en Navarra en los últimos años con los grandes patrimonios. Según los despachos de abogados muchos se han mudado a Madrid en busca de mejor fiscalidad. O los impuestos altos torpedean también el atraer talento en el sentido de profesionales escasos, como ya denuncian las empresas. ¿No sería mejor tener todo esto en cuenta?

Exigencia para el Gobierno. Y es que los impuestos son una obligación ciudadana, pero también exigen una Administración responsable. Es la otra cara de la moneda. Disponer de fondos no es un cheque en blanco para gastarlos alegremente, que es la sensación que a veces queda después de oír a algunos políticos.

El Gobierno tiene la obligación de gestionar con eficiencia, siendo consciente de que es dinero que sale del bolsillo de cada contribuyente. Es el mejor remedio contra el descrédito de las instituciones. Y que toca decir que no y priorizar. Porque no todo se arregla con más gasto. Muchas veces lo que toca es gastar mejor. El problema es que gestionar bien no da votos. Al contrario, produce quebraderos de cabeza. Cuando la Administración ponga el mismo celo en cobrar un euro que en evitar malgastarlo, estaremos en el buen camino.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora