Maristas: el Algarrobico pamplonés

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Manuel Sarobe

Actualizado el 24/04/2025 a las 23:41

Ha sido muy comentada la decisión de Joseba Asirón, nuestro presunto historiador, de retirar la calle dedicada a Víctor Eusa a instancia del Departamento que dirige la consejera Ana Ollo, enfrascada en rastrear el callejero capitalino en busca de sanguinarios fascistas (o de quienes, aún no siéndolo, compartan nombre con los que sí lo fueron…)

No es la única desconsideración del Ayuntamiento iruindarra para con el insigne arquitecto pamplonés. En el último pleno de la legislatura que concluyó en 2019, presidido por el actual alcalde, se aprobó inicialmente la Modificación del Plan Municipal que afectaba al Colegio Santa María la Real-Maristas, edificio diseñado por el repudiado Eusa, catalogado con grado de protección 2. El proyecto, cuyas bondades glosó el siniestro Joxe Martín Abaurrea, preveía, entre otras cosas, transformar el uso dotacional del inmueble en residencial, construir 190 viviendas -el 70% de VPO- y elevar en su patio interior dos bloques de pisos de lujo.

UPN, Bildu, Geroa Bai y PSN votaron a favor de la propuesta, e Izquierda-Ezkerra y Aranzadi lo hicieron en contra. Edurne Eguino se opuso alegando no conocer exhaustivamente un proyecto que, a su juicio, maquinaron promotores y técnicos de la Gerencia de Urbanismo a espaldas de los vecinos del II Ensanche, y Armando Cuenca dijo que en Pamplona no se necesitaba construir más viviendas. Nadie reparó en la agresión a la obra de Eusa.

Los grupos, con las indicadas excepciones, aplaudieron la iniciativa pues posibilitaba ofertar vivienda social en el centro de la ciudad. Me pregunto si lo próximo que se les ocurrirá a nuestros destalentados munícipes será sembrar de bloques de VPO un solar tan apetecible como la Vuelta del Castillo...

El ingeniero Francisco Galán publicó en este medio un escrito muy crítico con el proyecto, en el que sentenció que, si lo que primaba era la especulación, lo más acertado habría sido descatalogar el edificio, derribarlo y construir una manzana con las alturas y normativas de la zona. “Lo más importante de una ciudad -concluía Galán- es su urbanismo y mantener sus edificios singulares. No se puede ceder a las pretensiones de propietarios interesados en aumentar el valor de sus propiedades, a costa de la ciudad”.

El despropósito urbanístico en torno al antiguo colegio de los Maristas es más inexplicable en tanto en cuanto afecta, como se ha dicho, a una obra protegida. No logro entender cómo la Institución Príncipe de Viana, incumpliendo clamorosamente su obligación de velar por nuestro patrimonio histórico, permitió tamaño bodrio. Entre esto y los Caídos, Pamplona va camino de hermanarse con Bamiyan, la localidad afgana que destruyó sus budas gigantes.

La arquitectura tiene mucho peligro. En la Bohemia Occidental se alza la ciudad de Karlovy Vary, fundada en 1350 por el emperador Carlos IV, famosa por sus termas. Es un bellísimo enclave salpicado de hoteles y balnearios de estilo afrancesado, del Barroco al Art Nouveau, y ostentosas columnatas que albergan fuentes termales, con amplias áreas para el disfrute ciudadano. Un auténtico regalo para la vista que termina abruptamente cuando uno se da bruces con el Hotel Thermal, una espantosa mole de cemento, icono del brutalismo. El descomunal mamotreto, que quiebra la armonía de esta joya checa, me provocó la misma repulsión que experimento cada vez que paso por la Avenida de Galicia y me topo con los enormes bloques que ocultan la obra de Eusa, y eso que todavía no conocemos la verdadera magnitud del chandrío, pues está pendiente la elevación de dos nuevas plantas sobre el inmueble originario, lo que desdibujará sus torres.

Dudo mucho que Víctor Eusa fuera tan vanidoso como para lamentar verse proscrito del callejero de su Pamplona natal, pero estoy seguro de que le horrorizaría descubrir el disparate perpetrado en su edificio, que bien podía haber albergado una biblioteca, facultades universitarias o concentrar el ingente número de funcionarios desperdigados por la ciudad.

La promoción de Maristas, como si de una maldición se tratara, se ha tornado en pesadilla para los adjudicatarios de las todavía no iniciadas VPO y VPT, conminados a asumir unas derramas de dudosa legalidad, con las que puede acabar superándose el precio del módulo. La obstinación por construir vivienda social y asequible en un céntrico edificio dotacional a rehabilitar integralmente -el doble de caro que levantar un inmueble de nueva planta- ha resultado ser un fiasco. Los adquirentes de viviendas libres, cuya entrega peligra, se suman a la lista de agraviados. En este expediente han fallado todos; los Hermanos Maristas, los técnicos municipales, los políticos, la institución Príncipe de Viana, la promotora, la constructora... Únicamente se salva el mencionado señor Galán, un don Quijote que presentó alegaciones enumerando las muchas infracciones en las que incurría el proyecto, que fueron desestimadas. La codicia parece haberse impuesto al urbanismo responsable. Me pregunto si algún día llegaremos a saber qué se esconde realmente detrás de este escándalo. Yo no me opondría a retirar la calle a Víctor Eusa, siempre y cuando se expulsara al mismo tiempo de las instituciones a la recua de incompetentes causantes de este desaguisado, empezando por el insufrible dueto Asirón-Abaurrea, ese regalico que debemos a los socialistas. Que cada palo aguante su vela.

Pamplona tiene en el II Ensanche su particular Algarrobico, cuyo incierto final está todavía por escribir. Un borrón más en el urbanismo capitalino, riguroso con los débiles y laxo con los poderosos. Una pena.

Manuel Sarobe. Notario

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