El Rincón

Tiempos de desconcierto

El preside Pedro Sánchez con el presidente chino Xi  Jinping, esta semana en Pekín
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El preside Pedro Sánchez con el presidente chino Xi Jinping, esta semana en Pekín
El preside Pedro Sánchez con el presidente chino Xi  Jinping, esta semana en Pekín

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Miguel Ángel Riezu

Publicado el 13/04/2025 a las 05:00

Mira que va rápido el mundo en estas semanas. Trump abrió la caja de los truenos declarando la guerra de los aranceles al resto del planeta. El desconcierto inicial se trocó pánico en el mundo financiero y el presidente de los EEUU ha dado esta semana un paso atrás provisional. Dar un parón de 90 días para los aranceles personalizados que ya tenía anunciados y centrarse en un sólo país en este tiempo, en China a la que ha vuelto a subir los aranceles.

Un mundo interconectado. Este movimiento revela al menos dos cosas. Una, que Trump gobierna como si siguiera siendo un empresario inmobiliario y por eso lanza mensajes, pero son una baza para negociar. Y segundo, que ha descubierto la carta principal de sus preocupaciones, China. El gigante asiático es el gran rival de EEUU como imperio económico global de las próximas décadas según coinciden todos los expertos. Trump lo tiene claro. Y ahí ve a su gran rival. El problema es que en esta partida de poker ninguna de las potencias parece dispuesta a ceder. Su orgullo se lo impide. Y eso abre interrogantes de todos los colores. Aunque los último es que Trump deja fuera los productos tecnológicos, sin duda por presión de sus propias empresas.

Porque la realidad es que las grandes economías del mundo están superconectadas. Una guerra entre ellas supone múltiples amenazas que nos salpican a todos los demás. Si China no puede vender en EEUU intentará hacerlo con muchas más fuerza en Europa, aunque sea tirando precios con peligro para nuestras industrias. Recuérdese que sectores tan básicos para nosotros en Navarra como automoción y renovables viven pendientes de la competencia China ya en estos momentos.

Hay que reconocer que el Pedro Sánchez diplomático ha estado certero en China esta semana, testando posibilidades en el gigante asiático. Siempre, claro, que abrir vías comerciales en China no quiera ser salir del marco de la UE.

Apuesta europea. Lo que está claro es que el mundo ha entrado en una etapa de aguda confusión e incertidumbre política y económica. Mal asunto. Y nuestros políticos se adaptan muy mal de momento.

En Europa, la que ya se ha puesto a tono con este nuevo panorama es Alemania, con un gobierno de coalición entre conservadores y socialdemócratas para intentar cerrar el paso al avance de la ultraderecha. Como si en España Feijóo fuera presidente de un gobierno de coalición con el PSOE para dejar fuera del poder a los extremos, tanto a Vox como a Podemos y a Bildu. Una quimera en España y una realidad en Alemania. Una apuesta por la centralidad política. Arriesgada, cierto, pero valiente.

A hablar de Trump, es obvio que el PSOE y el PP coinciden en lo básico. Rechazo a la guerra arancelaria, defensa de la UE y protección para los intereses de nuestras empresas y sus trabajadores. Oiga, pues lo que les cuesta verbalizar que están de acuerdo en algo. Tienen tan interiorizado que sólo están para darse de tortas, que ni por estas. Mientras, Sumar y Podemos siguen dándose bofetadas. Y en el otro extremo, Vox hace equilibrios para seguir apoyando a Trump a la vez que a los agricultores a los que su amigo les asa a aranceles. Se llama incoherencia.

Centrar los esfuerzos. ¿Y en Navarra? Pues más de lo mismo en estos momentos. La presidenta María Chivite se lo ha tomado con calma. Puede que piense que vivimos en una isla-fortaleza casi inmune a estas turbulencias y que los datos del presente (crecimiento, generación de empleo) le hagan ver el futuro soleado. Ojalá tenga razón. Pero haría bien en engrasar todas las teclas de auxilio, por si acaso. La Airef habla ya de que los aranceles pueden robar 0,5 puntos del PIB.

Al Gobierno Chivite le cuesta mucho aterrizar los problemas. Y la confianza se impone desde los hechos, no desde las promesas. Cuando acecha el desconcierto necesitamos adaptar el mensaje. Hace falta centrar los esfuerzos en proteger el tejido económico y el empleo.

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