El lado bueno de las cosas

Publicado el 12/04/2025 a las 05:00
Es patente que Europa se ha dormido en los laureles Aquellas glorias del resurgimiento tras las dos grandes guerras se han agotado y están dando paso a la decadencia de quien ha buscado en otros lares los esfuerzos que ineludiblemente exige la calidad de vida que queremos para nuestros conciudadanos.
Garantizada nuestra seguridad por la primera fuerza militar, nuestra necesaria energía por los inagotables recursos de la tierra rusa, y con una mano de obra oriental barata alejada de nuestra paternal mirada, pensábamos, indolentes, que sencillamente la vida era para disfrutarla, y en este idílico orden, las empresas un mero instrumento económico.
Pero mira por dónde, sufrimos una pandemia y observamos apesadumbrados no solo nuestra vulnerabilidad física, sino también nuestra debilidad industrial frente a otras potencias de algún modo despreciadas pero que, a la chita callando, vienen ganando peso en el orden mundial frente a la vieja Europa. El informe Draghi, El futuro de la competitividad europea, ya señala el engrosamiento legal improductivo que, en la práctica, hace a Europa incompetente en los mercados y muy lenta de reacción.
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Tan lenta, que cuando los estadunidenses deciden democráticamente dar su confianza al nuevo presidente, nos rasgamos las vestiduras por su política comercial extremadamente proteccionista, como si no estuviera legitimado para perjudicar a sus históricos aliados europeos.
No seré yo quien valore estas políticas arancelarias del Sr. Trump que, como estamos viendo, pueden cambiar de un día para otro. El tiempo y los indefectibles principios reguladores de la economía pondrán sus decisiones en el lugar que corresponda, pero a nadie ha engañado, pues repite con mayor fuerza aquello que ya apuntó y materializó en su primer mandato.
En cualquier caso, como ya decía en mi discurso de nombramiento como presidente de CEN, todo esto acaba en la absoluta necesidad de objetivar y concentrar todos nuestros esfuerzos en la actividad empresarial, y muy especialmente en el sector industrial, básico para mantener nuestro estado de riqueza que tanto temor comienza a causar su pérdida.
Y sigo haciendo mías las palabras del Informe Draghi sobre la necesaria alineación y protección de las políticas industriales, el aumento de la inversión en la innovación y la firme transformación tecnológica para poder competir en un mercado despiadado y frente a nuestros rivales: asiáticos, americanos, africanos..., cuyos recursos humanos son notablemente superiores a los nuestros y más asequibles, con una regulación y toma de decisiones mucho más dinámicas (los órganos decisores resultan unificados o concentrados) y, sin el menor género de duda, con unas cargas sociales, tributarias, administrativas y legales infinitamente menores que las nuestras.
Y todo esto llevado a nuestra tierra, Navarra, nos obliga a afrontar inexorablemente un giro en nuestro tratamiento al tejido industrial y empresarial de la Comunidad, apostando por un presupuesto que, sin apartar su mirada del necesario contenido social, comience a hacer guiños a la actividad productiva y a la inversión, potenciando los incentivos a la I+D, al empleo, a la atracción del emprendimiento y a la inversión de los beneficios. Y, seguramente, también es el momento de pensar en la recuperación de la capacidad económica de las rentas mediante una racionalización de los tipos del IRPF y, sin duda, de la deflactación de todas sus magnitudes. Incluso deberíamos pensar en soluciones valientes y novedosas en este orden fiscal de todas aquellas empresas afectadas por la guerra arancelaria que vamos a sufrir.
También vamos a tener que afrontar una negociación colectiva sin complejos ni condiciones previas infranqueables, y que ciertamente nos tiene que llevar a tratar de la jornada y de los salarios, sin duda, pero también y en el mismo orden de relevancia a la productividad y la eficiencia en el tiempo efectivo de trabajo. Todos tenemos que arrimar el hombro.
Y los instrumentos y herramientas con los que contamos no son pocos. El primero, los próximos presupuestos; la simplificación administrativa ya mencionada en la futura Ley de Industria; el avance indubitado de las infraestructuras capitales a nuestro territorio; los acuerdos de empleo recientemente suscritos. En suma, asuntos en los que la colaboración público/privada resulta esencial para mejorar la actividad productiva de nuestras empresas que, como venimos diciendo hasta la saciedad, no solo son empresarios sino todas las personas que la conforman.
Concluyo, como bien dice el dicho “no hay mal que por bien no venga”, y si el terremoto arancelario sirve para reconocer y potenciar el valor esencial de la empresa, no se preocupen del mercado que su fuerza hará que puedan competir en adecuadas condiciones y así garantizar nuestro futuro. Distingamos Navarra.
Manuel Piquer. Presidente de al Confederación Empresarial Navarra (CEN)