"Vendrán muy bien para tirar de ellas cuando caiga la bomba y podamos hacer al fin un caldo vegano con las berzas de Pamplona. Quizás fueran escarolas"

Actualizado el 08/04/2025 a las 23:46
En Pamplona están construyendo unas segundas medianas entre las aceras, la carretera y la propia mediana para hacer amable la ciudad porque ahora la ciudad amable es aquella en la que no puedes aparcar. Estos jardincillos son Versalles, pero al revés. Los cubre una tierra gris casi como de Lanzarote, como si hubiera entrado en erupción la Higa de Monreal, que dice Álvaro Navarrete que tiene actividad volcánica. También han puesto guijarros: los típicos guijarros de Pamplona, y berzas y lo que parecen puerros: veremos qué sale.
La mezcla adquiere una combinación imposible de chándal y tacón de estética vegetal, como oriental baserritarra que le entran a uno ganas de leerse el bushido o pedirle a la santa que se haga la ‘porrusalda’. ¡Qué berzas no van a verse ahí: verduras primigenias, originarias y probatorias de algo antiguo y anterior a todo lo que vino a contaminar lo que había antes, como berzas de Irulegui! Estamos aquí ante un homenaje al señor del bosque o a la Mari que, dicen, bordaban los puerros con patatas, una receta que parece sencilla y no lo es. Aquí se aparecen los jardines sin rosas, sin tonterías, los jardines sin jardines al fin y al cabo, llenos de hortalizas no pervertidas por la ambición ornamental del rosal, que es un espacio tendente siempre al refinamiento, a la opresión esteta de las elites y tiene el punto de fuga en reyes franceses con levita y la cara embadurnada de arroz. Estos, en cambio, aluden a un puesto de casera derribado por una manifestación.
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Porque empezamos plantando plantas que huelen bien y ahí se jodió este santo país en cuanto intervino la estética que trajo la moda y abandonamos el kaiku para gastar cuatrocientos pavos en una camiseta y pantalones con pinzas. Todo este neoliberalismo visual nos llevó al desastre y por eso hay que admirar, ah, esas berzas justicieras que apelan a los sacramentos de la alubia -tan roja-, a lo sano, a las cosas útiles para la supervivencia alejadas de la cochina avidez. Al fin un jardín con plantas que nadie tendrá ganas de robar, plantas como pintadas con spray en la pared del pasillo del gaztetxe con un lema por la lucha contra la posesión de lo material o de recuerdo a algún preso de ETA. Vendrán muy bien para tirar de ellas cuando caiga la bomba y podamos hacer al fin un caldo vegano con las berzas de Pamplona. Quizás fueran escarolas.