La cruda realidad
"La población civil sigue siendo la víctima de estados de sitio, privación de alimentos y agua, secuestros, masacres y destierros"

Publicado el 06/04/2025 a las 05:00
Las tropas israelíes reanudaron hace dos semanas los bombardeos sobre Gaza, y en los últimos días han lanzado operaciones por tierra para crear una “zona de separación” en el sur de la franja. Netanyahu ha dicho que quiere “diseccionar” Gaza para presionar a Hamas y hacerle soltar a los rehenes. En las dos semanas y pico que han pasado desde la ruptura de la tregua, han muerto 1.100 palestinos, mientras que cientos de miles se han encontrado con órdenes de evacuación masiva del ejército israelí y han tenido que recoger sus cosas para salir una vez más en busca de refugio. Las órdenes de evacuación dirigieron a la población civil a un lugar llamado Al Masawa, pero cuando las caravanas empezaron a llegar, también lo hicieron las bombas.
A pesar de todo el poderío militar desplegado y la destrucción causada, Netanyahu no ha logrado lo que su población pide a gritos, que es encontrar a los rehenes, llevarlos a casa y derrotar a Hamas, responsable del ataque del 7 de octubre de 2023 en el que fueron masacradas 1.200 personas en unas pocas horas. Aquel día Hamas se llevó a Gaza a 251 rehenes, entre ellos numerosos niños y ancianos. La mayor parte de los que han vuelto desde entonces (135) lo han hecho en momentos de alto el fuego y tras acuerdos de intercambio con prisioneros palestinos. Las operaciones de rescate del ejército han logrado la liberación de 8 rehenes y otros tres han muerto por “fuego amigo.” Los demás han sido asesinados por Hamas o han muerto en bombardeos. De acuerdo con los datos que mantiene el diario israelí Haaretz, Hamas tiene en su poder a 59 rehenes, pero 35 de ellos están muertos, por lo que sólo hay esperanza de que los 24 restantes vuelvan con vida.
Desde que comenzó la guerra, han muerto más de 50.000 palestinos en Gaza y cientos más en Cisjordania, donde hay en marcha una operación militar para derruir edificios y carreteras y expandir asentamientos judíos. En las cárceles israelíes había unos 5.600 prisioneros palestinos antes del ataque del 7 de octubre de 2023. Ahora superan los 10.000.
La situación humanitaria es crítica. Netanyahu cortó hace cuatro semanas la entrada de alimentos a la franja y ya se ha agotado la harina. El 23 de marzo, la Cruz Roja perdió el contacto con tres ambulancias que fueron a asistir a los heridos en un bombardeo en Rafah. El 30 de marzo, quienes intentaban averiguar qué había pasado, hallaron un enterramiento donde estaban los cadáveres de los trabajadores sanitarios y sus vehículos. En los tiempos de la inteligencia artificial, los drones militares de alta precisión, la localización por satélite y las pantallas de respuesta inmediata, la cruda realidad es que hace milenios que no ha cambiado la brutalidad de la guerra.
La población civil sigue siendo la víctima de estados de sitio, privación de alimentos y agua (hambre y sed), secuestros, masacres y destierros para forzar rendiciones y modificar fronteras igual que en los tiempos en que se escribía tallando en piedra. Claro que ahora los medios son mucho más eficaces en su poder destructivo y llegan a más gente en menos tiempo. Sistemas similares se están viendo en Ucrania, donde se habla de los misiles y los drones, pero no tanto de los cientos de miles de soldados, la mayoría rusos, que han caído en el frente destrozados por la metralla o las balas y los civiles ucranianos aplastados por las bombas. Mientras el mundo intenta averiguar en qué van a quedar las alianzas internacionales con los últimos cambios que está dando Washington en su relación con Rusia, hay una carrera de rearme que afecta especialmente a Europa. Y cuando se acumulan armas, las perspectivas no suelen ser buenas.
Olga Brajnovic. Periodista