La realidad de Navarra y el caballo del señor Taberna

Actualizado el 04/04/2025 a las 23:41
En los últimos meses se ha mantenido un animado debate en torno a la situación y expectativas del sector industrial navarro. Es un hecho innegable, no un bulo, que se han producido serias dificultades en empresas industriales, y es un hecho, no un bulo, que inversiones milmillonarias pasan de largo. Ambos hechos suscitan legítimas prevenciones sobre la solidez del tejido industrial y sus opciones de supervivencia, reconversión o crecimiento futuro. Tampoco es un bulo, sino un hecho, que las demoras en la ejecución de infraestructuras nos ponen en desventaja. Es un hecho, y no un bulo, que la fiscalidad navarra es poco competitiva comparada con la de comunidades limítrofes. Es un hecho, quizá el más doloroso, y nadie con un mínimo de vergüenza diría que es un bulo, que muchos trabajadores industriales navarros sienten su porvenir amenazado. Lo fácil es decir que toda la culpa es de las empresas (como clamaban trabajadores y sindicatos en la manifestación del 16 de febrero) o del gobierno (como machaca la oposición día sí y día también); lo cierto es que todo es mucho más complejo. Hay incertidumbres, o lo que es peor, hay cierta certidumbre sobre que el futuro va a ser muy complicado. Negar la evidencia es imprudente, diagnosticar en falso, peligroso. Enzarzarse en peleas intestinas en vez de afrontar el problema puede ser letal.
El 30 de enero pasado, el vicepresidente Félix Taberna respondió a una pregunta de “máxima actualidad” en el Parlamento de Navarra sobre “el nivel de satisfacción en relación con la percepción e imagen de Navarra”. La pregunta fue presentada por Emilio Jiménez, parlamentario foral por Vox, y está disponible en la videoteca del Parlamento de Navarra. En la forma, la secuencia es la palmaria demostración del ínfimo nivel de la oratoria parlamentaria foral, pero es el fondo de la respuesta del Gobierno la que debe analizarse.
“Navarra se vende sola”, dijo el vicepresidente, enumerando a continuación una serie de datos e índices en los que Navarra (es un hecho, no un bulo) es líder o va en puestos de cabeza: abandono escolar, logro femenino, tasa de paro, voluntariado y calidad de vida. Todo esto, y otras muchas cosas buenas que el vicepresidente no enumeró, son logros colectivos de los que debemos estar orgullosos, y que debemos cuidar. Coincido con el señor Taberna cuando afirma que todos debemos destacar estas innegables virtudes y ventajas de nuestra tierra para realzar la realidad institucional de Navarra. Eso no quita para que todo aquel que detecte fallas o perciba un margen de mejora lo ponga encima de la mesa sin miedo a que se le aplique aquello de matar -¡¡¡metafóricamente!!! - al mensajero.
Puede que Navarra se haya vendido sola hasta ahora, pero pretender que siga haciéndolo en un contexto que -lo hemos dicho muchas veces- está pasando de ser competitivo a ser darwiniano; pretender que la inercia del pasado baste para afrontar un futuro en el que solo pintan bastos (y de buen tamaño, además) es demasiado pretender. En su intervención, el vicepresidente Taberna transmutó la crítica a la acción de gobierno en “embestidas y ataques” a la propia Navarra por parte de “grupos que se empeñan en desprestigiar y deteriorar desde dentro”, llegando a acusar a la oposición de “tirar piedras contra el tejado de Navarra”. El señor Taberna es persona inteligente, y sabe que eso no es cierto. Cenizos hay en todas partes, pero quiero creer que las voces críticas lo son en la medida en que, a su particular manera y con sus puntos de vista, quieren lo mejor para esta tierra y sus gentes. No se puede despachar a esas personas y entidades acusándoles de traición (no es otra cosa que traición el desprestigiar, deteriorar, y tirar piedras contra el tejado).
Concluyo explicando lo del caballo. El señor Taberna inició su respuesta contando un chascarrillo en el que un tratante, en una feria ganadera, vendía un jaco defectuoso haciéndolo pasar por lucido corcel. A los días el comprador, mosqueado, le afeó al tratante que le había vendido jaco y no corcel. Y el tratante respondió que hablando mal del jaco no lo iba a vender nunca. La comparación no se sostiene, sobre todo porque quien tiene que comprar “Marca Navarra” no es como el comprador del jaco, que evidentemente no sabía de caballos, es un comprador inteligente e informado, que busca y compara en un mercado saturado de oferta y de información, en el que ya nadie cree que nada “se vende solo”. En ese contexto hay que moverse, y para ello hay que aprovechar y potenciar las fortalezas, claro está, pero sobre todo hay que diagnosticar y corregir las debilidades. Y esto creo que no está tan claro.
Alfredo Arizmendi Ubanell. Licenciado en Medicina (UNAV). Licenciado en Odontología (UAX) y Master en Comunicación (UPF)