Ante la guerra comercial de Trump

Publicado el 04/04/2025 a las 05:00
La andanada arancelaria con la que Trump ha quebrado todos los puentes del comercio mundial para someter a continentes enteros al dictado de un proteccionismo obsesivo por parte de la Casa Blanca adquiere aun mayor gravedad por la premura con la que Washington insta a cientos de gobiernos y a millones de empresas a ajustarse a su requisitoria o a negociar bajo una inusitada presión.
Trump rubricó órdenes ejecutivas que revisan drásticamente la historia misma de aquel país, bajo la delirante acusación de que la economía del mundo se ha desarrollado como un sistema para “saquear, violar y expoliar” a los estadounidenses. El cuadro arancelario resulta tan disparatado que solo podría entenderse como un desvarío transitorio. Y, sin embargo, es imprescindible que tanto las instituciones de la Unión como cada uno de los Veintisiete se esmeren en mantener los hilos de comunicación y sintonía con los que se cuenta en relación a quien ha declarado una guerra comercial a gran escala. Tanto para atenuar sus efectos inmediatos a este lado del Atlántico, como para tratar de conectar al otro con voluntades que puedan moderar las posturas.
Entre las bolas extraídas del bombo del resentimiento trumpista, a Europa le corresponde un castigo del 20% para los productos y servicios que exporte a EE UU. El presidente Sánchez quiso trasladar a los españoles el mensaje de que el Gobierno llevaba semanas preparándose para “desplegar” un Plan de Respuesta y Relanzamiento Comercial que movilizará 14.100 millones a fin de proteger las empresas y al empleo y reorientar la capacidad productiva.
Pero, a la espera de que la UE perfile el rumbo, es ineludible que Sánchez vuelva la mirada hacia sus obligaciones institucionales en relación con la situación presupuestaria del país y en relación con las empresas más afectadas por los aranceles. Hacer frente al nuevo desafío requiere un consenso político amplio y activo que ni puede limitarse a reuniones informativas con los grupos parlamentarios, ni a comparecencias a modo de soliloquio ante las compañías que sostienen el crecimiento español.