"Todo lo que dicen que se va a acabar se acaba, menos el sanchismo. Ahora se va a acabar lo indispensable y la gente va a llenar la casa de máscaras antigás o algo"

Publicado el 26/03/2025 a las 05:00
La UE va a recomendar a los ciudadanos que guarden lo indispensable para pasar tres días en caso de guerra, desastre natural, ciberataque y otras alegrías para el cuerpo. Termina uno indefectiblemente recordando cuando fuimos a comprar papel higiénico en masa y a la gente se le acababa, con lo que, haciendo los cálculos, tenían el bullarengue como los chorros del oro. El cajero del supermercado me advirtió de que solamente permitían llevarse un dado de levadura por persona, y era como si te dieran para la guerra dos cargadores y una granada, y con eso te tuvieras que arreglar.
La gente hacía unos panes tan secos que lo mismo podríamos tirárselos a los soldados de la Wagner en el caso de un ataque. Eso, y a Lalachús con una estampita del Sagrado Corazón de toro del Grand Prix deteniendo las invasiones como cuando sacaron a la Virgen de La Palma en Cádiz a parar el maremoto de 1755. También dijeron que se acababa el aceite y se terminó porque la gente iba al súper con un camión cisterna.
Todo lo que dicen que se va a acabar se acaba, menos el sanchismo. Ahora se va a acabar lo indispensable y la gente va a llenar la casa de máscaras antigás o algo. Lo indispensable es un concepto siempre esquivo. Mi padre se escapó de la casa de San Sebastián a los sanfermines, viajó de polizón en el volquete de un camión de arena y llevaba un duro, y cinco huevos fritos.
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La mayoría de mi Españita no necesita nada para 72 horas porque es el tiempo que es capaz de pasar clavado en un sofá de escai. Yo no me encuentro entre ellos y, con todas las cosas que hago, si alguien ve mi butaca, por favor que le dé recuerdos. Yo para setenta y dos horas necesitaría un bocata de tortilla del Fitero, cuatro rollitos de primavera del extinto chino de las Estafeta, de los que te invitaba a uno Beñat del Coso el día ocho y se enfriaba el día doce, la txaranga Tirri-Tarra, una bota de vino, un pedazo de queso y una cinta de jotas de Raimundo Lanas. Con eso, haríamos.