Bombas en el chat

Publicado el 26/03/2025 a las 05:00
El secretario de Defensa norteamericano Pete Hegseth colgó en una conversación de Signal, que es como un wasap, pero más seguro, los planes precisos para el reciente bombardeo sobre Yemen dos horas antes de que se produjeran. Cuando las bombas acertaron, otros miembros del grupo le contestaron con emoticonos de celebración y banderitas.
Al parecer nadie se dio cuenta de que habían incluido a un periodista en el grupo que después contó lo sucedido. Tampoco pareció importar a los participantes comunicar secretos militares por una aplicación del móvil, con lo fácil que es piratear ese tipo de transmisiones. Uno de los participantes en la conversación, Steve Witkoff, estaba en Moscú cuando se produjo el intercambio de mensajes, mientras que el vicepresidente Vance estaba viajando dentro de Estados Unidos. Los años de las reuniones secretas en la habitación blindada de la Casa Blanca o en el Pentágono han pasado a la historia. Ahora cualquiera con un teléfono en el bolsillo puede seguir un bombardeo en directo con todo lujo de detalles sobre las armas, los objetivos, los portaviones y la secuencia de ataques.
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Si ya había una sensación de inseguridad mundial ante los cambios que está dando la postura internacional estadounidense desde la toma de posesión de Trump, con esta sorprendente actuación de su equipo de gobierno, la alarma es máxima entre los que se consideraban aliados y ya no saben en qué situación están. Ya no puede haber confianza en un supuesto aliado que no tiene el más básico de los cuidados en mantener los secretos.
En el intercambio de textos entre los móviles de los altos cargos de la administración de Trump, se reveló la profunda antipatía que hay en Washington hacia Europa. Vance afirmó que odia resolver un problema al viejo continente, y Hegseth contestó que comparte su rechazo a una Europa oportunista patética. Antes de Trump, se daba por sentado que Estados Unidos estaba con Europa en el aislamiento de Rusia para evitar el avance militar del Kremlin sobre Ucrania. Desde su ascenso al poder, parece estar dirigiendo Washington a un acuerdo con Moscú a costa de Europa. Putin ha visto la oportunidad y la está aprovechando.
El día de los bombardeos en Yemen, Putin aprovechó la visita del mediador norteamericano Steve Witkoff para mandar un retrato al óleo de Donald Trump a la Casa Blanca. Por supuesto, Trump quedó encantado y su negociador considera que ese regalo ha sido un gesto patente de buena voluntad del Kremlin respecto a la paz mundial.
Ahora Witkoff aparece en la cadena Fox explicando que Rusia tiene sus derechos sobre las cuatro regiones del Este de Ucrania que ha invadido, y que hay que fiarse de Putin, porque le ha dado la palabra de que no tiene interés en invadir al resto de Europa.
Y se supone que por eso hay que respirar agradecidos. Después de tres años de una guerra que no ha podido ganar sobre el terreno, Putin se encuentra con que puede obtener en una mesa de negociaciones el control del territorio que quería y salir del aislamiento internacional. Y todo eso sin haber cumplido ningún acuerdo de alto el fuego. Trump quiere hacer negocios con Ucrania. Los minerales, las centrales energéticas, lo que sea.
Si Zelensky no baja la cabeza y le entrega propiedades, no sólo le deja sin apoyo, sino que le pone piedras en el camino. Al final lo que hacen Putin y Trump con Ucrania es lo mismo: repartirse el país. Ellos negocian de igual a igual sobre un sujeto inferior al que no reconocen derechos. Y mientras tanto, el mundo espera a ver en qué acaba este flirteo entre Washington y Moscú para decidir qué hacer y dónde colocarse ante un escenario internacional alterado y completamente inseguro.
Olga Brajnovic. Periodista