¿Cañones o mantequilla?

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Manuel Pulido

Publicado el 24/03/2025 a las 05:00

En los años setenta del S. XX, el profesor Paul Samuelson (escuela neokeynesiana), más tarde premio Nobel de Economía, popularizó el modelo teórico de cañones o mantequilla, para enseñarnos que si queremos producir más de un bien (cañones), debemos renunciar a la parte de otro (mantequilla). Con ello, hacía referencia a la cuestión hoy en boga, a raíz del aumento del gasto militar que la OTAN exige, si España debe aumentar el gasto militar cifrado en torno al 1,28% del PIB hasta el 2%, y seguramente hasta el 3,5% en un horizonte no muy lejano. Este es un debate que la UE ha soslayado gracias a que la OTAN la costeaban los EE UU, y Europa hacía de comparsa, muy reconfortada en el Estado social que rige en gran parte de la UE desde la II Guerra mundial, y en España mucho más tarde a partir de los años ochenta del S.XX. Es legítimo, por tanto, pronunciarse sobre un tema que da pavor a muchos con solo mentar la bicha de la guerra, pero que se encuentra a pocos miles de kilómetros de nuestras fronteras, aunque la ciudadanía española ve en términos generales la guerra de Ucrania como cosa lejana, más allá de las muestras de solidaridad que nuestra sociedad ha demostrado.

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La sociedad actual, en concreto su opinión pública, es voluble y está mediatizada por diversidad de factores (prensa y TV, redes sociales, gobierno manipulador etc). Sin embargo, si diésemos la vuelta a la tortilla y nos encontrásemos con un problema militar en la frontera sur de nuestro país u otras contingencias militares, todos o casi todos reclamaríamos la ayuda de la OTAN para defender nuestra integridad territorial. Por dicha razón, hay que ser consecuente y no pedir soluciones a la carta. Si estás en la UE y en la OTAN, estás a las duras y a las maduras, aunque siempre pueda haber modulaciones en el cumplimiento de las obligaciones y en el ejercicio de los derechos, si no se distorsiona el compromiso adquirido.

El Gobierno de Sánchez se encuentra en este tema en un probable callejón sin salida. En Europa, Sánchez es el adalid del compromiso (boca pequeña), pero sabe que comprometer en teoría el gasto social -si se cumple el modelo teórico de Samuelson- sus socios de la izquierda populista no lo permitirían. Pero tampoco quiere la ayuda, lógicamente sometida a contrapartidas del PP, porque sería tanto como mentar la soga en casa del ahorcado. En tal tesitura, Sánchez que va camino de convertirse en el autócrata de La Moncloa, piensa aumentar el gasto militar haciendo ingeniería contable y ninguneando a las Corte Generales, (Art 66.1 CE), que es quien aprueba los presupuestos. Seguramente para el común de los mortales esta ingeniería contable les viene al pairo. Pero a cualquier hacendista le recordará las tesis del gran teórico del derecho público del Imperio alemán, Paul Laband cuando, a mediados del S.XIX, defendió la tesis de que el presupuesto de guerra no debía ser aprobado por el Reichstat (parlamento alemán) porque el presupuesto no era un ley sino un acto y en tal circunstancia, podía aumentar el gasto sin pasar por el parlamento. Tuvo que venir otro gran jurista G. Jellinek para desmotar las tesis del presupuesto como acto administrativo en manos del Gobierno. 

Hoy, Sánchez sigue a Laband. La historia de las pulsiones autoritarias se repite. España debería, lo que seguramente no será, pactar una contribución escalonada al gasto de la OTAN, valorando el coste de oportunidad que tendría en nuestra creciente desindustrialización y como impulso al crecimiento económico, llevar al parlamento dicho presupuesto. Dudo que Sánchez lo haga y España estará en el pelotón de los torpes con el beneplácito de aquellos que viven de las “paguitas” sin trabajar (izquierda populista) de un no siempre bien entendido Estado Social. Para distribuir la riqueza antes hay que crearla.

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