"Pese a los inciertos nubarrones que ya se vislumbran en el horizonte, que no cunda el pánico, no estamos en absoluto desprotegidos"

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Luis Arbea

Publicado el 23/03/2025 a las 05:00

"Apriamo le finestre al nuevo sole”, así rezaba el título de la popular canción ganadora del festival de San Remo de 1956. Casi nada, hace casi 70 años. ¡Qué viejos somos algunos!, aunque uno tiene la edad y la frescura de sus sueños. Pues sí, abramos las ventanas al nuevo sol, es primavera. Nos vendría de perlas, necesitamos sus soplos templados que entibien nuestros corazones de tantos malos vientos que los últimos acontecimientos sociopolíticos nos han traído. 

Malos tiempos para la lírica… y para las democracias. Démosle, pues, alegres y contentos, la bienvenida a la primavera para que entre ese sol que nos desentumezca nuestras almas ateridas y nos hable de vida. Que nos procure ese ánimo que relativice negras perspectivas y arrincone fatales presagios; o dicho de una manera más poética, que esta locura que asoma no nos robe la cuna. Pero ¿tan oscuro es el futuro que se nos avecina? Pues como que no, que igual no es para tanto y a pesar de que las noticias que van llegando no inviten precisamente al optimismo, la sangre no tiene por qué llegar al río ni tenemos por qué alarmarnos ya que, en última instancia, la dignidad y felicidad del ser humano (salvo en casos de extrema pobreza y cuando la supervivencia está en juego) no depende tanto de circunstancias externas como de nosotros mismos. Ahora bien, pecaríamos de ingenuos si no reconociéramos que estamos viviendo una época compleja sujeta a profundos -peligrosos para una gran mayoría- cambios a nivel climático, digital, tecnológico, económico y, por supuesto, político. 

Cambios para muchos difíciles de asimilar y que resultan amenazantes pues no parecen estar muy a favor de los Derechos Humanos ni de aquellos ideales ilustrados de “libertad, igualdad y fraternidad” que a lo largo de la historia moderna tanto han inspirado a nuestra vieja Europa. Cambios de dudosa moral empapados de tendencias autocráticas y dictatoriales que huelen a deshumanización y dejan tambaleándose a ese mejor (o menos malo) sistema de convivencia que creemos (y defendemos) que es la democracia. Con el capital y el imperialismo hemos topado, amigo Sancho, sentenciaría un actualizado Quijote.

 Y aunque es muy probable que pequemos de alarmistas, no deja de ser evidente que un amenazador tsunami acecha a la vuelta de la esquina. Pero, pese a los inciertos nubarrones que ya se vislumbran en el horizonte, que no cunda el pánico, no estamos en absoluto desprotegidos. Alguien muy sabio sentenció aquello de “contra el pesimismo de la inteligencia, el optimismo de la voluntad”, así que está en nuestras manos esa determinación de no perder la ilusión de otro mundo mejor que nos empuje a mirar sin miedo al futuro. Por eso, quiero seguir soñando (consciente de que estoy soñando) que, plenos de ese optimismo inteligente que nos regala esta estación, superaremos sin mayor problema las nuevas y poco alentadoras circunstancias con una renovada y animosa voluntad de vivir. Y no tiene por qué resultarnos difícil, tenemos esa capacidad de renacer de nuestras cenizas como el rebrote anual de hojas y flores. Somos primavera.

Así que, subamos las persianas, abramos las ventanas, y que entre de pleno. Su luz iluminará nuestra conciencia crítica y sus aires reconfortantes fortalecerán nuestra voluntad. Y, de paso, sus nuevos alientos de humanismo purificarán balsámicos los malolientes tufos y el ambiente enrarecido que nos están regalando el psicopático iluminado de cresta naranja con su nuevo amigo el siniestro zorro plateado de la estepa rusa y el cruel exterminador de Tel Aviv. Una peste vomitiva. Abramos, pues, de par en par, las ventanas a la vida, es primavera.

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