Canadá se arrima a Europa

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Emilio Sánchez-Carlos

Actualizado el 13/11/2025 a las 23:06

En este frenético juego de tronos de la política internacional, Canadá ha movido ficha para buscar de inmediato el refugio de Europa ante la sucesión de atropellos del Estados Unidos de Trump. En vez de viajar a Washington en su primera visita protocolaria para refrendar los tradicionales vínculos bilaterales, el nuevo primer ministro canadiense, Mark Carney, se ha ido esta semana a París y Londres para buscar el respaldo de los dos países europeos que han participado en la construcción de la historia canadiense. Carney, ex gobernador del banco central canadiense y el primer extranjero gobernador del Banco de Inglaterra, ha abierto la puerta a una posible candidatura canadiense a ser miembro, por qué no, de la Unión Europea.

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Con sus 41 millones de habitantes y un Producto Interior Bruto de 2,5 billones de dólares, Canadá lo tiene todo para apostar por una eventual integración con los europeos. Al fin y al cabo, es miembro de la OTAN, debería participar de manera activa en el nuevo esquema de defensa de los europeos y para nada del mundo quiere quedarse aislado a merced de los atropellos de Estados Unidos. Las despectivas declaraciones de Trump hacia la soberanía de Canadá, además de la injustificada imposición de aranceles, han desatado una reacción furibunda de los canadienses con el boicot a la compra de productos estadounidenses, a los viajes de vacaciones al vecino del sur y un sentimiento de repulsa “hacia la prepotencia gringa”. La actitud canadiense refleja la cada vez más preocupante sensación de alarma de los aliados occidentales hacia la incertidumbre que genera Trump. La reputación de Estados Unidos está ahora mismo por los suelos en Canadá y en medio mundo, mientras grandes cantidades de dinero de extranjeros invertidos en las bolsas estadounidenses huyen hacia Europa en una reacción sin precedentes.

El recién estrenado Mark Carney, una especie de Mario Draghi canadiense muy respetado en el mundo de las finanzas, se ha movido con una inusitada rapidez para plantar cara a Trump. “Canadá no será nunca de ninguna manera parte de Estados Unidos”, ha repetido al tiempo que viajaba a la zona más al norte de Canadá en el Ártico para dejar clara la soberanía de este territorio.

Carney se ha apresurado también a anunciar un acuerdo con Australia para la compra de un sistema de radar por 6.000 millones de dólares para reforzar la seguridad del amplio territorio del Ártico bajo soberanía canadiense, lo que supone un mazazo a las pretensiones de empresas de Estados Unidos. El acercamiento de Carney a Europa y Australia muestra la urgencia de los vecinos de Estados Unidos por sentirse arropados ante las amenazas de Trump que ha puesto patas arriba el equilibrio de fuerzas entre sus aliados.

El aumento de las señales de que Estados Unidos se precipita hacia una recesión por el impacto de la guerra comercial desatada por Trump vuelve a poner de relieve si todo ello se debe a un plan meticulosamente orquestado por el equipo de Trump o se trata más bien de una improvisación permanente dirigida a fortalecer la imagen de un presidente con mano de hierro que pretende devolver el antiguo esplendor económico perdido por la clase media estadounidense. Las encuestas indican que los votantes de Trump le siguen apoyando lealmente, pero alrededor del mundo Trump aumentan las especulaciones e inquietud porque la inflación no tiene pinta de remitir, persisten las caídas en la bolsa de Nueva York y Tesla -la empresa más representativa de Elon Musk- acumula este año una pérdida del 44 por ciento. Todo ello puede obligar a Trump a cambiar de rumbo si además Putin retrasa ese ansiado acuerdo de paz para acabar con la guerra en Ucrania.

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