"Ha fallecido Esteban López Escobar, auténtica leyenda de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, y se han decretado tres pizarras de silencio"

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Chapu Apaolaza

Publicado el 12/03/2025 a las 05:00

En ‘Annie Hall’, Woody Allen aguardaba en la cola de un cine exasperado por la pedantería del hombre de detrás de él, que peroraba sobre Fellini, Becket y Marshall McLuhan. Allen comentaba cómo le gustaría llenarlo “de mierda hasta las cejas”. Harto de su discurso, se daba la vuelta y le recriminaba no saber nada de Marshall McLuhan. Para demostrarlo, Allen salía de la escena y buscaba un poco más allá al auténtico Marshall McLuhan, que aseguraba ante aquel hombre que efectivamente no sabía nada de él y que “hasta sus falacias las contaba al revés”. 

Yo no sé mucho de McLuhan pero conocí al hombre que lo sabía todo de él. Cuando llegué a su clase, lo primero que escuché fue la fama que le precedía: “Conoció a McLuhan. Dicen que era su amigo”. Ha fallecido en Pamplona a los 83 años Esteban López Escobar, nuestro histórico profesor y auténtica leyenda de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, y se han decretado tres pizarras de silencio. López-Escobar se va dejando tras de sí un reguero de periodistas, antiguos alumnos y profesores admirados por su forma de ser, de enseñar y de conducirse como un dandi, siempre elegante en la vestimenta, en el verbo -aquellas eses no es que las pronunciara: las descendía-, y en unos conocimientos que no tenían límites. Cuenta Daniel Ramírez, que lo frecuentó mucho, que se cortaba el bigote con un alicate y llevaba en el reloj la hora de Nueva York. 

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Era, a fin de cuentas, uno de esos galácticos que de vez en cuando acuna Pamplona entre mañanas de niebla en el campus, aburrimiento 357 días al año, barbillas clavadas en el mentón y aceras cuajadas de montañas de hojas. MacLuhan tenía razón cuando afirmaba que el medio es el mensaje y a estas alturas podemos convenir en que López-Escobar era el mensaje, también, pues entonces, ante él uno ya intuía que somos en la medida que sabemos desconocer. Nos enseñó de las teorías de las estructuras de lo que se había enunciado veinte años antes pero que sucedería después, de la espiral del silencio de Noelle Neuman, que explica tantas cosas de las que suceden hoy en día y que lo despiden con el homenaje de cumplir todas las que cosas que él predijo. 

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