El rincón
El futuro de Navarra: la Europa que nos viene


Actualizado el 08/03/2025 a las 23:13
El giro estratégico frente a Europa de Donald Trump ha sido brusco y hasta brutal. Está claro, “hay un nuevo sheriff” en EEUU. Tan evidente que ha dejado al continente golpeado por una sensación de repentina orfandad respecto a su gran aliado en décadas. Todo en cuestión de unas pocas semanas. Europa se ha activado ya a la hora de responder a esta nueva y dolorosa realidad. Veremos si somos capaces de estar a la altura.
La UE mueve ficha. La Unión Europea comienza a prepararse ante la posibilidad de que EEUU ya no siga siendo quien soporte la seguridad de Europa frente a una Rusia expansionista. Una Rusia hoy en la Ucrania invadida, pero luego puede que más allá. Trump entiende que este conflicto es un lío de europeos, del que quiere zafarse sin contemplaciones para centrarse en la competencia con China por la hegemonía mundial. Y quiere zanjarlo rápido, por las buenas o por las malas, como ha empezado a percibir con mucha crudeza el presidente ucraniano Zelenski.
Así que esta misma semana, la UE avalaba movilizar hasta 800.000 millones para gasto militar y tejer su propia red de seguridad. España tiene muchos deberes por delante porque invierte en Defensa un 1,3% del PIB cuando la exigencia de la OTAN era llegar al 2% en 2029 y ahora veremos que más. Un mayor gasto que va a a impactar sobre todo el Presupuesto, claro, y obligará a quitar de otros lados.
Diálogo imprescindible. Ha tenido que gestarse una situación así para que el presidente Sánchez se decida a convocar al líder de la oposición, Alberto Nuñez Feijóo, para hablar sobre la seguridad en Europa. Alucinante pero real. Un Pedro Sánchez empeñado de reventar las costuras de la Constitución de nuevo con sus cesiones al independentismo catalán en gestión de fronteras e inmigración para conseguir los votos que le permiten seguir en La Moncloa. Es un pésimo contexto, pero toca que los dos grandes partidos nacionales (PP y PSOE) sepan poner un paréntesis en el navajeo en el que vivimos.
Pedro Sánchez se ha dado cuenta ya de que tiene los aliados equivocados ahora que toca hablar de las cosas de comer. Su socio de Gobierno, Sumar, no quiere saber nada de más gasto en Defensa y los externos como Podemos o Bildu, abominan sólo ya la idea. ¿Quién puede apoyarle en esta tesitura? Su denostado PP es su única tabla de salvación en este asunto capital. ¿No da qué pensar?
¿Y en qué nos afecta? Hay quien cree que todo este panorama tiene poco que ver con nuestro día a día. Grave error. Todo este mundo mutante nos alcanza de lleno.
El futuro de nuestra industria regional, sobre la que se asienta el bienestar económico de Navarra, se enfrenta a todos estos huracanes. Y, para empezar, la Unión Europea plantea medidas para proteger a una industria en peligro. Es un buen paso porque nos jugamos mucho. En este caso, la del automóvil al primar la producción propia de componentes y baterías para el coche eléctrico. La industria navarra del sector, que pivota alrededor de la planta de VW-Navarra es la que debiera sentir cierto alivio ante las incertidumbres de los aranceles de EEUU y la durísima competencia de China.
La Defensa pasa a ser una gran prioridad nacional. Y con ella, claro, instalaciones como el polígono de Tiro de Bardenas que sirve de entrenamiento para los aviones militares. La visita que realizó esta semana una comisión del Parlamento foral al polígono de Bardenas ratifica quienes siguen teniendo clara esta realidad estratégica, aunque resulte incómoda. UPN, PSN y PP revalidaron su apoyo al polígono, cuyo contrato de arrendamiento finaliza en 2028 y que rechaza Bildu porque “huele” a Ejército y español. Pues ese es el socio estratégico del PSN. Un contrasentido absurdo pero que en Navarra vivimos todos los días.
Otra derivada. No nos podemos permitir como país el lujo de dejar tirados proyectos como el de Mina Muga de potasa en la zona de Sangüesa-Javier, hoy detenido tras una decisión judicial y a falta de permisos ministeriales. No sólo por la inversión y el empleo que va a generar, sino porque la potasa es un elemento clave para los fertilizantes que usan los agricultores europeos para generar alimentos y su producción depende de los yacimientos de Rusia y Bielorrusia.
La clase política haría bien es comenzar a hacer pedagogía de que este cambio de panorama está encima y nos va a exigir un giro en las prioridades que puede ser doloroso. La seguridad de Europa colocará a cada partido en su lugar y dejará al aire, todavía más, las vergüenzas de las coaliciones fabricadas sólo para seguir en el poder.