"Bajo la influencia de EEUU estábamos muy mal y cuánto mejor estaríamos a merced de los chinos y los rusos, por no hablar de los países en los que imperaba la ley del Corán"

Actualizado el 18/02/2025 a las 23:27
Se criticaba tanto a los yankis el supuesto imperialismo de su política exterior que ahora que nos han dejado de la mano de God habrá gente dando botes. Cómo se reían de su acento, de sus películas, de Hollywood y de las palomitas. Se aparecían todas aquellas rubias de centro comercial, a las que, ponían de tontas ultra operadas, y ellos no eran mucho más listos.
No sabían dónde estaba México, porque al parecer en este mundo solo se estudiaba historia en la UPV. Salvo Chomsky -que Dios lo confunda-, en el imaginario de aquí, todos los gringos eran poco menos que idiotas y se representaban como salidos de una fiesta de una hermandad universitaria en la que un tipo al que llamaban Bubba se aplastaba latas de cerveza contra la frente.
Todas las mujeres eran animadoras, bailaban raro, salían del asiento de atrás de un Cadillac y hacían globos con el chicle mientras ponían ojitos al quarterback del equipo de fútbol, americano, naturalmente.
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Eran todos de derechas, incluidos los de izquierdas. Allí la izquierda era la extrema derecha, también. Venían con sus rifles, sus puros y sus sombreros de vaquero, el sheriff gordo que mascaba tabaco y donuts en una cuneta y esos jueces de culo gordo y camiseta de tirantes con calcetines con liga que se reían con las prostitutas sobre la cama de un motel.
Siempre votaban mal, no por maldad, sino porque se les adscribía una ignorancia tal que ponían España en México. No sabían votar, del mismo modo que desconocían los elementos más básicos de la cocina y el sentido de la medida y por eso la obesidad.
Si se votaba a Trump, era porque el gringo naturalmente vivía como un ‘redneck’ casado con su prima en una caravana y tan lleno de Budweiser que era incapaz de conducirse electoralmente. No como nosotros.
Bajo la influencia de EEUU estábamos muy mal y cuánto mejor estaríamos a merced de los chinos y los rusos, por no hablar de los países en los que imperaba la ley del Corán; eso sí que eran ámbitos de influencia aceptables, como estamos viendo. Qué malos eran los yankis; los vamos a echar de menos.