Tregua bajo especulación
Hasta el más aciago de los pronósticos sobre Oriente Medio puede empeorar si Donald Trump persiste en hacer negocio urbanístico con el dolor en la Franja de Gaza

Publicado el 13/02/2025 a las 05:00
La obstinada insistencia de Donald Trump en hacerse con los terrenos de Gaza “gratis” y a cuenta de la intervención militar israelí, para vaciarla de palestinos y reconstruir la Franja como un activo inmobiliario-turístico, no sólo es desalmada y delirante.
Amenaza además con convertirse en la enésima causa del enésimo estallido violento en Oriente Medio si la ya endeble tregua entre Israel y Hamás es objeto de emplazamientos mutuos que no están contemplados en los acuerdos de Doha.
Hubiese sido legítimo, justo e inapelable que Tel Aviv exigiera de entrada, y con carácter inmediato, la liberación de todos los rehenes secuestrados el 7 de octubre de 2023 por Hamás y la Yihad Islámica.
Pero Trump ha pasado de presentarse como mediador antes de tomar posesión del cargo de presidente de Estados Unidos a dictar su propio guión después de la investidura para arrastrar consigo al propio Benjamin Netanyahu. Su amenaza a Hamás de “abrir las puertas del infierno” si el próximo sábado los terroristas palestinos no devuelvan a los 76 rehenes que mantienen cautivos todavía es una intromisión peligrosa.
Invita a pensar en que el colapso del alto el fuego asoma en el imaginario del presidente estadounidense como la vía más directa para alcanzar el objetivo que pretende, y sin subterfugios: la privatización con valor bursátil del territorio que acumula más siglos de conflicto cruento a orillas del Mediterráneo. Es más que probable que una Gaza perimetrada por las Fuerzas de Defensa de Israel nunca dé lugar en la Franja a una sociedad libre entre palestinos iguales en derechos ni a un entorno que ofrezca un mínimo de confianza a la población israelí porque Hamás y la Yihad renuncien a su próxima revancha.
Los afanes expansionistas sobre Cisjordania y la práctica desaparición de la Autoridad Nacional Palestina conducen aún más al pesimismo. Pero hasta el más aciago de los pronósticos sobre el futuro de Oriente Próximo puede empeorarse si, a pesar de todas las advertencias, Trump persiste en imponer el propósito de hacer negocio en un suelo cimentado de dolor.