Observatorio político de invierno

Publicado el 09/02/2025 a las 05:00
Hace años que, por su agudeza de juicio, su rica información, y su valentía en el decir, sigo los escritos, antes en forma de cartas y ahora de artículos, de mi antiguo vecino Manuel Sarobe. Sus dos penúltimos trabajos Hacia la ruina económica y moral de Navarra merecen elogio aparte.
Tras analizar minuciosa y comparativamente las políticas económicas de Navarra y las de otras Comunidades Autónomas, especialmente Euskadi, y tras sintetizarnos el grotesco programa económico para Navarra de la coalición Bildu, “en cuyas manos ha dejado María Victoria Chivite el futuro de Navarra”, no puede menos que llegar a la siguiente conclusión:
“El año entrante se cumplirá una década del advenimiento de los gobiernos del cambio. Tan innegable como que el prometido cambio se ha producido, es que lo ha sido a peor. Elijan el dato a comparar. Los socialistas, cuyos principios han resultado ser tan líquidos como los de Groucho Marx, han priorizado aferrarse al poder y colonizar la infinita Administración foral para saciar el hambre acumulado desde que la corrupción los alejó de él. Y lo han hecho con un altísimo coste para Navarra, pues las políticas impuestas por los radicales socios han truncado la exitosa trayectoria de progreso y bienestar que iniciamos en los pasados años 60. Los abertzales, entretanto, transitan felices por la alfombra que les ha extendido el PSN…”.
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Se nos fue silenciosamente Javier del Castillo, todo un símbolo de Sangüesa. Un político afable, amable y agradecido, como pocos he conocido. Cuando constituimos la Federación Navarra de Municipios y Concejos, a comienzos de los ochenta, sirviéndonos de los Estatutos de la catalana, él fue un puntal. En estos últimos años sufrió mucho por la deriva de la política navarra: no podía entender -y me lo decía cuantas veces nos veíamos- el silencio sepulcral de algunos de sus viejos colegas, y hasta amigos, ante la deriva y el quiebro del PSN-PSOE. Como él, hay muchos navarros que tampoco lo pueden entender.
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Una breve estancia en mi querida y dolorida Cataluña me ha hecho conocer mejor su situación real. Una Cataluña intensamente diversa y dividida. No es lo mismo Tarragona que Gerona. Donde no solo hay españolistas y separatistas, nacionalistas y no nacionalistas. Una inmensa población flotante extranjera, rica y poderosa, que habita las zonas más prósperas, coexiste con una inmensa población extranjera y pobre, que en muchos sitios llega al 30 por ciento, árabe sobre todo, y, en buena parte, bien arraigada.
¿Hasta cuándo bajarán los íncolas del norte y centro de Europa al mar, al sol y a la tramontana catalanes? ¿Hasta cuándo les servirá un mundo de pinches de cocina, de camareros, hacedoras de camas y equivalentes? ¿Qué será del idioma minoritario, el catalán, como en tantos otros sitios el idioma menor? ¿Cuántos catalanes de pura cepa, visto su descenso demográfico, se podrán contar?
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La política española sigue de mal en peor, y siempre por las mismas causas, que venimos repitiendo hasta la fatiga. Ahora estrenamos el año y el gobierno de Pedro Sánchez nos regala un proyecto de amnistía judicial para su propia familia, tras regalársela a los empecinados enemigos de España, sus socios secesionistas catalanes, y a sí mismo, ya que dependía de ellos.
Y, además, un proyecto de fastos en honor de Franco -nadie hizo tanto por Franco como Sánchez ni nadie ayudó tanto a Sánchez como Franco-, confundiéndolo todo: franquismo, fascismo, conservadurismo, ultraderecha… Volviendo a intentar dividir a los españoles en las dos Españas, al tener como franquistas y hasta fascistas a todos los antirrepublicanos. Volviendo a la guerra civil y no a la reconciliación y a la Constitución. Una verdadera estafa histórica, hasta en la fecha elegida, y todo en defensa propia y del sanchismo, y como primer estadio de la próxima campaña electoral. Y no, en último lugar, para recrecer a VOX. Mientras, los mejores politólogos españoles hablan de la voladura continua de la Constitución y del Estado de Derecho.
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La verdadera división política ya no es izquierda o derecha, sino autarquía o democracia, pero a veces democracia y autarquía se entienden bien en beneficio de sus propios intereses. Cuando escribo estas líneas, juegan en Arabia la Supercopa española el Real Madrid y el Barcelona. En Arabia, petroestado que cultiva y propaga el terrorismo y la esclavitud, y arrasa los derechos humanos; donde, el año pasado, fueron ejecutadas, por ahorcamiento, decapitación o lapidación de mujeres, 307 personas, un 20 por ciento más que el año anterior.
Quién sabe si dentro de poco, con un poco más de dinero para la Real Federación Española de Fútbol y para el Fútbol-Club Barcelona y el Real Madrid, no aprovecharán el descanso de estos ominosos partidos para el exótico espectáculo de algunas de esas numerosas ejecuciones...
Víctor Manuel Arbeloa. Escritor