El rincón
Navarra se mira el ombligo: Trump, Otegi y Franco


Actualizado el 08/02/2025 a las 23:37
Hay momentos en que la vida se acelera y parece caer por un tobogán gigante. Y este es uno de ellos. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca ha puesto patas arriba el orden internacional (suponiendo que existiera, claro). Está sustituyendo por la vía rápida las reglas mundiales por las suyas propias para perplejidad (e indignación) del resto del planeta.
Lo mismo con deportaciones masivas de inmigrantes, aranceles que amenazan el comercio mundial, sugiriendo el uso de la fuerza para quedarse con Groenlandia o la idea de convertir la Gaza desolada en un resort turístico expulsando a dos millones de palestinos.
La ley del más fuerte en estado puro. Efectiva y popular dentro (sus conciudadanos le han dado su apoyo) pero que se convierte en altamente inflamable fuera de sus fronteras. La UE asiste perpleja al cambio de paradigma sin atisbar su propio camino porque vive en horas bajas, políticas y económicas. Y en España, la política sigue a lo suyo. Pedro Sánchez empeñado en sobrevivir sorteando día a día todas las minas que le plantan sus propios socios.
Aquí no pasas nada. ¿Y nosotros, en Navarra? Pues mirándonos al ombligo. El Parlamento de Navarra empleaba su tiempo esta semana en debatir sobre el recuerdo de Francisco Franco, el dictador durante 40 años muerto hace ya otros 50. Una cortina de humo diseñada desde La Moncloa para controlar el relato que le saque de los atolladeros políticos que crean sus socios.
Claro que el relato real de la vida va por otro lado. Ahí está la preocupación de trabajadores y sindicatos (todos) por el futuro de la industria en Navarra. El motor de la economía foral ve nubarrones muy negros que se acrecientan de golpe con las guerras de aranceles que se atisban con Trump y con la agresiva política comercial China que ya impacta de lleno en dos de nuestras industrias nucleares; la del automóvil (VW Navarra) y la de las renovables . Porque Navarra no es una pequeña aldea gala aislada del mundo. Muy al contrario.
Y en Navarra, cuanto más se necesita atractivo y liderazgo para atraer inversiones y talento, más flojeamos en este aspecto nuclear. Con un Gobierno foral empeñado en negar los problemas como si eso permitiera esquivarlos. Con un PSN atado a Bildu y, por eso mismo, paralizado ante los cambios ambiciosos que son necesarios para cambiar una inercia tóxica.
Bildu aprieta. EH Bildu, mientras, afianza y refuerza su estrategia desde Pamplona donde ha reunido en un congreso a todos sus pesos pesados en Baluarte. Y pueden estar tranquilos. Les va muy bien.
EH Bildu es cada vez más un partido al uso. Sortu, la izquierda abertzale más ortodoxa, la Batasuna de toda la vida, afianza su poder dentro. Mientras el partido lo controlan los de siempre (ahí sigue Arnaldo Otegi al frente con el 94% de los apoyos) hay una parte de los votantes que los perciben, en cambio, como renovados y abiertos. Una enorme paradoja que se engrasa con una política de ir avanzando paso a paso, pero sin descanso hacia la “independentzia” (con Navarra dentro, claro) que coreaban este sábado sus militantes. Bildu no ha cambiado un ápice su objetivo final y sólo espera acumular fuerzas para lograrlo. Lo demás es no querer ver a donde nos llevan las cesiones políticas a Bildu.
Y al Gobierno no le salen las cuentas. Pero la política es un juego de expectativas. Y en la mayoría que controla el poder en Navarra (del PSN a Bildu pasando por Geroa Bai y Contigo) el único realmente contento hoy es Bildu. Sus expectativas se van cumpliendo con creces y sigue al alza en las encuestas. Y es el único que no está sentado físicamente en los despachos del Palacio de Navarra. Porque todos los partidos piensan que estar en el poder les da visibilidad, presencia, acción política y, a partir de todo eso, más votos. Pero, mire usted por donde, no esa así.
Y es que al PSN no le salen las cuentas. Las encuestas internas que maneja la cúpula del PSN desde hace algún mes les dicen que sus escaños se estancan y caen los de sus socios (Geroa y Contigo). Y eso genera alta preocupación.
Bullir de cambios. Geroa, a su vez, con una continua caída anunciada en votos, vive sus propias tribulaciones en sus dos almas. La del partido de Uxue Barkos que se enfrenta al relevo una vez que Barkos (su mayor activo) se retira de la primera línea. Y la del PNV, que, de golpe ha vivido una sorprendente e inesperada batalla por el liderazgo interno entre Andoni Ortuzar y Aitor Esteban, en plena pugna con Bildu en Euskadi.
No se vislumbran cambios estratégicos por ello. El joven alcalde de Alsasua, Javier Ollo) aparece ahí como una estrella emergente porque se anuncia que entrará en la Ejecutiva nacional del partido donde ya estaba otro navarro, Unai Hualde (presidente del Parlamento).
Entre el bullir de los cambios en Geroa y el afianzamiento de Bildu, el PSN se encomienda a la continuidad de María Chivite. Y sobre este puzle político que anuncia ganadores y perdedores se construye el Gobierno de Navarra al que le toca la era Trump. Un Ejecutivo foral que languidece enroscado en sus mantras, falto de ambición y preocupado por sus cuotas de poder y, sobre todo, por la estrategia para conservarlas en el futuro.