¡Qué nos pasa en Año Nuevo que pronto nos olvidamos de nuestros planes!

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Emilio Garrido

Publicado el 20/01/2025 a las 05:00

El Nuevo Año es una circunstancia tan eventual que epigenéticamente la hemos codificado como algo trascendente y la hemos incorporado a nuestras vidas como un análisis del futuro y del cual depende muchas de nuestras emociones y conductas. Y, por eso, nos planteamos un programa de forma futurible nada práctico y nada sistemático, creyendo que con solo pensarlo, ya estamos en esa “religión psicológica”, conseguiremos aquello deseamos: un futuro mejor, sin tantos kilos de sobra, sin ingerir humo gratuito, hacer un deporte en esas “catedrales físicas” que afloran en nuestras ciudades por doquier, terminar aquel libro que dejé a medias porque Netflix es mucho más cómodo… A los quince días de haber planteado un programa similar, nuestra voluntad “hace aguas” y la vida ajetreada que llevamos diluye nuestras metas a unos deseos evaporados…

Nuestro cerebro nos engaña con más frecuencia de la debida y sin ser conscientes de ello. “El pedazo de carne de un kilo y medio de peso que tenemos sobre los hombros no es una simple grabadora, sino un ordenador inteligentísimo que recopila información, realiza valoraciones sagaces y suposiciones incluso más sagaces y nos ofrece su mejor interpretación de cómo son las cosas... Como esas interpretaciones suelen ser buenas, y tienen un parecido tan asombroso con el mundo tal como es en realidad, no nos damos cuenta de que estamos viendo una interpretación. Esa es la explicación a que nuestros deseos se desvanezcan con tanta facilidad. Solemos olvidar que nuestro cerebro es un hábil falsificador que urde un tapiz de recuerdos y percepciones cuyo grado de detalles es tan creíble que resulta difícil determinar su falsedad”. (Guilbert, en el libro de La ciencia de la Felicidad de Garrido). 

Ese “tapiz de recuerdos, de voluntades, de deseos, de propósitos”, son tan buenos y la interpretación que hacemos de ellos es tan real, que hasta creemos que los estamos cumpliendo. Sin ni siquiera haber ido tres días al gimnasio que nos apuntamos con tanta seguridad que ya creemos que lo hemos cumplido… (Id). En cierto sentido, cada uno de nosotros es un falsificador que imprime billetes falsos y que luego los aceptas como pago, sin ser consciente de que es a un tiempo el culpable y la víctima de un fraude organizado. Pagamos un alto precio por permitirnos el perder de vista ese hecho fundamental. Todo esto tiene unas consecuencias en la conducta humana terribles, porque la planificación se hermana con la ansiedad de forma directa en un eje frontal-diencefálico.

  Ambas estructuras están muy ligadas con el pensamiento en el futuro: sentimos ansiedad cuando anticipamos que algo malo va a ocurrir en el futuro...y nos proponemos metas y conductas que no cumplimos, y gracias a la imaginación y a la interpretación que hacemos de esas promesas, planteamos la forma en la que se desarrollarán nuestras acciones futuras... ¡engaño tota! Este engaño es una forma más de atemperar nuestra conciencia, pero es una trampa que aceptamos con una enorme tranquilidad. En otro orden de cosas, pero con el mismo criterio científico, otro engaño cerebral podemos recordar: creamos con la imaginación un futuro terrible, que no existe, pero lo preconizamos como tal y lo creemos tanto que lo hacemos nuestro sin haber pasado todavía, y posiblemente no pase, pero en nuestra mente está tan claro que ya tiemblo solo de pensarlo…¡Otro engaño más de tu cerebro evolutivo y mal reprogramado! 

Así y todo, debemos planificar, pues esta conducta supone que nos asomemos al futuro, pero ¿A qué futuro se refiere?, ¿qué futuro quiere que sea su futuro? La maquinaria que nos hace proyectarnos modernamente al futuro es el lóbulo frontal. Solamente el ser humano es capaz de pensar en el futuro, por eso aunque no cumpla sus objetivos, no importa propóngaselos, sin dejar que su cerebro le engañe y le haga asumir que con tranquilizar su conciencia, ¡basta! Por eso sea más objetivo, menos exigente, póngase metas más sencillas y fáciles de cumplir para no entrar en el juego de su propio engaño. No admita los euros falsos y sea “culpable y víctima a un mismo tiempo de su inconsciencia automática. Sin esta maquinaria frontal, estamos atrapados en el momento, incapaces de imaginar el mañana y, por lo tanto, no nos preocupa qué nos puede deparar el futuro. Conclusión: “El lóbulo frontal capacita a los adultos humanos sanos para pensar a largo plazo”, pero piense en positivo, que es mejor y gratis.

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