Orgulloso de ser empresario

Publicado el 19/01/2025 a las 05:00
El pasado jueves día 2 de enero aparecía publicada en este periódico la noticia bajo el siguiente titular “El 91% de los jóvenes navarros que trabaja lo hace por cuenta ajena”.
Según esta noticia, de los 40.500 jóvenes navarros que ya trabajan como profesionales en el mercado laboral, el 91% lo hace como empleado por cuenta ajena.
Añado además que del total de los contratos indefinidos registrados en todo el año 2024, el 40% se han registrado para menores de 30 años.
Sinceramente, la noticia es devastadora y una demostración palpable de lo mejorable que es nuestro trabajo con respecto a todo aquello que tiene que ver con el emprendimiento y con el mundo de la empresa.
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Resulta evidente que, la denostada cultura del esfuerzo y la vilipendiada figura empresarial están en el origen de este titular.
Es evidente que la figura empresarial está íntimamente relacionada con adjetivos como el empeño, el ahínco y, especialmente, con el compromiso al trabajo que le resulta intrínseco, lo que hoy por hoy, desgraciadamente, no tiene muchos adeptos cuando desde altas instituciones gubernamentales desdeñan la actividad laboral como algo antagónico a la felicidad. Es más, se legisla menoscabando todo lo relacionado con el compromiso hacia el trabajo y, peor, inculcando desinterés por todo aquello que tenga que ver con el esfuerzo, la asunción de responsabilidades y afrontar los tropiezos de la vida de forma realista como elementos fundamentales para desarrollo de la persona, queriéndose mostrar una falsa protección que a la corta genera falsas expectativas y desafección especialmente entre los más jóvenes.
Los empresarios y todas aquellas personas que trabajamos en las empresas con orgullo y sabiendo que es una parte imprescindible de la vida, no entendemos una vida plena y realmente satisfactoria sin una parte consustancial a la misma: el trabajo, empeño de varias generaciones gracias a lo cual hoy podemos permitirnos alcanzar unas cotas de desarrollo y servicios comunes que medio mundo quisiera, y no veo, por otra parte, cómo poder afrontar una vida equilibrada sin asumir la actividad laboral con la debida normalidad. Sufrir por tener que ir a trabajar debe resultar un verdadero tormento.
Las empresas y la actividad que generan son riqueza, avance social y calidad de vida. Lo contrario, anacronismo y desigualdad. Y los empresarios que las sustentan, merecedores de todo nuestro reconocimiento y apoyo, pues nunca habrá empresas sin empresarios.
Grandes empresas Navarras de hoy surgieron de valientes y jóvenes de nuestra tierra y sus familias, que con escasos recursos apostaron todo su patrimonio y hasta su salud por sacar adelante un proyecto, invirtiendo e hipotecando lo propio y extraño. Y no nos confundamos, empujando a una sociedad transformadora y productiva con el objetivo de enriquecerla y ponerla en cabeza de la comunidades del primer mundo. Y, porqué no decirlo, si además han prosperado: enhorabuena, se lo merecen.
Estos ejemplos deben servirnos para poner en valor la figura del empresario desde edades tempranas, educando en esta cultura del esfuerzo que nos dota de independencia y seguridad en nosotros mismos, mejorando nuestra autoestima y creando un caldo de cultivo absolutamente necesario para el emprendimiento y florecimiento de nuevos jóvenes empresarios, hoy por hoy, totalmente alejados del estereotipo empresarial de chistera y puro en boca y mucho más próximos a la actividad productiva y al liderazgo, con el buzo puesto, preocupándose de la estrategia, la gestión, el proceso operativo, comercialización, postventa…., en suma, viviendo la empresa en el día a día.
Y, créanme, la satisfacción de contemplar tu marca y sello, de poder ver tus productos hasta en los mercados más recónditos y, aunque seas un pequeño empresario, sentirte dueño de tus actos, no tiene parangón. Eso sí es felicidad.
Y, seguramente, para favorecer la actividad empresarial emprendedora debemos no solo reconocer el éxito, sino también el fracaso, normalmente huérfano, mostrando nuestro total apoyo y respaldo a quien no lo alcance. En suma, trasladando a la sociedad en general y a los jóvenes en particular una comunidad dispuesta a proteger a quien se arriesga en beneficio de todos.
Dicho lo cual, desde luego que entiendo a los jóvenes. La empresa no obtiene resultados inmediatos, y resulta exigente en lo personal y profesional, pero el esfuerzo siempre tiene recompensa. Distingamos Navarra.
Manuel Piquer. Presidente de CEN