El monumento a Los Caídos, un símbolo más en la historia

Publicado el 11/01/2025 a las 05:00
Si la historia es el estudio del pasado en función del presente, ¿qué recuerdos y testimonios vamos a tener si borramos todo lo acontecido del bando contrario? ¿Relatamos la historia a nuestro modo de pensar? ¿Destruimos los monumentos según el cariz político del Ejecutivo foral?
De esa forma partidista lo interpretan los partidos navarros, PSN, EH Bildu y Geroa Bai; un convenio a tres donde muestran a las claras su prioridad ideológica por encima de la huella histórica. Este tripartito “progresista” acuerda resignificar Los Caídos, cubrir su cúpula y un derribo parcial. La idea llegaría al despropósito si todavía ponemos el nombre de Maravillas Lamberto, una figura nada representativa ni de unidad.
Tres partidos políticos no pueden decidir un asunto de tal calado que incumbe a todos los ciudadanos. No han contado ni con AFFNA 36, ni Contigo Zurekin, ni la Plataforma pro Museo de la Ciudad, ni con Institución Príncipe de Viana, ni con la Real Academia de Bellas Artes de Madrid.
Como dice Zubiaur: “Cualquier intervención debe ser juzgada por personal técnico, historiadores y al margen de cualquier tensión política”. Forma parte del Patrimonio Artístico de Navarra y es una obra de José Yarnoz y Víctor Eusa.
Como se afirma popularmente, una persona sin información carece de opinión. Por tanto, los restos arqueológicos, las ruinas y los edificios en pie del pasado son una reliquia para interpretar de modo objetivo la vida de nuestros ancestros.
Porque la historia de los iconoclastas, ya pasó en el siglo VIII con el Imperio bizantino, que negaba el culto a las imágenes y las destruía, o con los talibanes del 2001 que dinamitaron las extraordinarias estatuas de Buda de 56 metros de altura en Bamiyán (Afganistán).
En pleno siglo XXI no podemos admitir que grupos políticos, denominados demócratas, quieran borrar las huellas de épocas absolutistas y de dictaduras imitando sus ejemplos y cayendo en sus mismos errores con la destrucción de sus símbolos. Con este mismo argumento tendríamos que borrar los ocho siglos de la Historia de Navarra, porque muchos de sus reyes fueron autoritarios y autocráticos que confundían su patrimonio con el del Reyno, llámese Fortún Garcés, Sancho el Fuerte, o los Teobaldos, sin olvidar a Juan II de Aragón, casado con Blanca de Navarra, que despilfarró las arcas navarras en beneficio propio para conseguir territorios por Castilla y Aragón. ¿Derribamos la escultura de Íñigo Arista en la avenida de Navarra, la de Sancho el Mayor en la Media Luna o de Carlos III en la Plaza del Castillo por sus actuaciones totalitaristas y no democráticas en sus reinados?
Por otra parte, en dicho edificio de la Plaza de la Libertad se encuentran las pinturas de Ramón Stolz, considerado uno de los mejores representantes, desde Goya, de la pintura mural en España. Decoró la gran cúpula por encargo de la Diputación de Navarra en 1950, que plasmó con pinturas al fresco el espíritu de los navarros a través de la Historia con ejemplos como Sancho el Fuerte en las Navas, San Francisco Javier evangelizando Oriente, el Ángel de Aralar o los romeros de Ujué.
La Plataforma por un Museo de la Ciudad, creada en 2017, ha solicitado al Ejecutivo despojarlo de connotaciones partidistas y de enfrentamientos y declararlo Bien de Interés Cultural para transformarlo en un museo de culturas diversas. Además, La Ley de Memoria Histórica no entraría en colisión con el nuevo proyecto museístico: “No serán de aplicación sus preceptos cuando concurran notables razones artísticas integrantes del Patrimonio Histórico Español”.
En suma el edificio forma parte del conjunto urbanístico de la ciudad, uniendo la avenida Carlos III con la Plaza del Castillo. Como repetía la norteamericana Pamela Radcliff: “Los monumentos son testigos mudos de la grandeza y las miserias que han moldeado nuestro pasado. ¿Por qué renunciar a una parte de nuestra vida, con su extinción?”.
Luis Landa el Busto es historiador y escritor.