Cartas de los lectores
Listas de (des) espera


Publicado el 27/12/2024 a las 05:00
Podría hablar de que, si pido cita en mi centro de salud (Casco Viejo), me ofrecen un hueco dentro de cuatro semanas. O contar que, como mujer de 38 años, hace siete que no veo a mi ginecóloga. También podría mencionar que, con más de 300 lunares y varios dermatofibromas, hace 12 años que no sé nada de mi dermatólogo. Pero ignoraré esos detallitos y me centraré en lo más flagrante.
A los 16 años me diagnosticaron una enfermedad de espalda que me supone dolores crónicos y que tiene repercusiones a nivel social, laboral y personal. Desde entonces (año 2003) el sistema de Salud Público se desentendió de mí. Y yo callé. Por desgracia, hace un par de años los síntomas empeoraron. En julio de 2023, pedí a mi médico de familia que me diera pautas para tener una mayor calidad de vida. Su respuesta es que debía hablar con el departamento de rehabilitación, a donde me derivó. En marzo de 2024 me convocaron, pero a Traumatología. Solo para decirme, tras 8 meses de espera, que sí, que tengo esa enfermedad (no olvidemos que ya estaba diagnosticada) y que iban a mandarme a rehabilitación. Han pasado otros 9 meses (17 en total) y 4 quejas oficiales (sin respuesta) y todavía no me ha visto la persona que podría ayudarme.
Todo eso me molesta. Pero me molesta más acudir al centro de consultas externas y que las salas de espera estén vacías. Que no salga ni un solo paciente del despacho al que esperas entrar, a pesar de que llevan 20 minutos de retraso. Que cuando te llaman, al fin, no se disculpen, cuando era evidente que no estaban atendiendo a nadie.
Cargada de optimismo, confío en que este testimonio cambie las cosas, para mí y para todos y todas. Aunque el realismo me dice que siga esperando, que ya tengo experiencia.
Laura Pérez de Larraya Ollo