Cartas de los lectores

Vivir en constante emergencia emocional

El aislamiento social afecta a uno de cada tres adultos mayores en Europa
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El aislamiento social afecta a uno de cada tres adultos mayores en Europa
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Emilio Garrido Landívar

Publicado el 16/12/2024 a las 05:00

Me da la impresión, porque todos vivimos en este entorno complejo tanto social como político, que la gente con la que vivo, discurro, oigo hablar, converso en conferencias, en momentos de ocio y casi yendo por el pan; no está tranquila, sosegada. Despide mucha angustia y agresividad, emociones tóxicas en su manera de desenvolverse, y en una actitud en muchos momentos irritada. Si haces un balance de la crónica diaria, tanto a través de la prensa como del resto de los medios de comunicación, en forma sencilla, sin grandes circunloquios, como persona de a pie, se te cae el alma a los pies: ¿Qué más puede ocurrir para convencernos de que así como vamos no se puede vivir?

Desestabilizan el sistema judicial, observamos un victimismo pueril en los altos cargos del Estado, una supuesta corrupción, quienes abanderaron el bastión de la regeneración. Aumentan los grupos sociales con conductas agresivas, que afloran con demasiada frecuencia, por lo menos en las noticias. Muertes de nuestras mujeres, niños; el paro sigue aumentando, recibimos golpes fuertes de la naturaleza, como si quisiera purgar por nuestra decadencia moral. Los servidores del pueblo parecen ajenos a nuestras preocupaciones domésticas, se jactan de sus propios incumplimientos, sin ningún sonrojo, aplauden a los “malos” y amnistían a quienes nos deterioran la paz… La bola de nieve va haciéndose cada día más abultada, no percibimos un líder que nos estimule esperanza, que nos ayude a ver el final del túnel…; si un día sale negro, el otro es más oscuro todavía. Estamos viviendo en un piélago revuelto que nos invade, que nos ahoga, por lo menos a quienes intentamos ser coherentes, la gente, muchos estamos viviendo una continua emergencia emocional. La afluencia de inmigrantes ilegales que están sin control, vagando sin ser útiles a sí mismos… Nadie propone soluciones que alivien este continuo malestar que se palpa, se percibe en todos los encuentros sociales sean rurales o de la capital…

¡No saben cuánto me cuesta escribir la descripción que precede!, pero sin exagerar ni una palabra, esto es lo que oigo en las tertulias, en los corros de gentes sencillas, en presentaciones de libros, en una conferencia… Así no es fácil vivir, porque el cuerpo y la mente binomio que hacen una simbiosis -nos guste o no-, se sienten abrumados, estimulado negativamente y, aún a sabiendas de que la vida inevitablemente tiene que tener emociones negativas, no podemos asumir como grupo social tantas, tan fuertes, tan continuas, que sin darnos cuenta, vamos destruyendo nuestras conexiones cerebrales. Sí, así a lo tonto, sin casi darnos cuenta de que nos damos cuenta. De tal manera que desarrollamos una pérdida del control personal emocional y con un sentimiento de desesperanza que no nos favorece ni la salud personal, laboral ni social. Por supuesto que influirá sobremanera el perfil psicológico de cada uno como persona, como ciudadano que lee, se entera y se encarga de valorar y esclarecer las realidades -o falacias-, que constantemente nos martillean diariamente.

La sociedad media, que vive inmersa en este piélago de incertidumbre, de desesperanza, está desarrollando síntomas de estrés social crónico, que nos lleva hacia varios derroteros. Por un lado a generar ansiedad que se prolonga, al no ver una salida con seguridad y, de forma inconsciente nos metemos en una burbuja, recomiéndonos todo lo negativo que nos invade y nos deja alicaídos.

Otros grupos sociales se evaden de la realidad y se “echan al monte” y a vivir que son dos días: Tardeo, fines de semana a tope de alcohol, de drogas “buenas”, y un sexo sin amor y sin mayor control. Viven al día, y son adictos a los microcréditos para salir y huir evadiéndose de la realidad.

Algún otro grupo, ni mejor ni peor, diferente, enferma de tristeza, de melancolía, entra en un estado de letargo emocional y social y acaba diciendo: ¡Yo ya no voto más nunca! Y si tiene piso, se encierra en él y vegeta mientas consume todo lo consumible.

Por supuesto, cuando nos encontramos en una situación de emergencia emocional, no es fácil procesar situaciones con emociones positivas y placenteras que contrarresten lo que estamos percibiendo y viviendo por muchos frente. Pero, así y todo, se hace necesario hacer un esfuerzo y reprogramar nuestro cerebro positivamente y con emociones que nos hagan recordar que en otros momentos similares hemos sido capaces de superar y seguir adelante con más fuerza, tratando de relativizar los acontecimientos y minimizar lo negativo, sin exagerar para que no sea la losa más pesada y nuestro sistema inmune se debilite y nos haga más vulnerables.

Emilio Garrido Landívar. Doctor especialista en Psicología de la Salud

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