"Naturalmente mi intención es culpar a la Mancomunidad si algún desaguisado surge de mi concienzuda separación de restos"

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Lucía Baquedano

Actualizado el 27/11/2024 a las 23:17

La de cosas que una puede tirar confiadamente a la basura y se pueden volver en contra suya según en qué manos caigan. El Diario del lunes nos puso sobre aviso, ya que al parecer hay espabilados que de todo se aprovechan y nos pueden hacer la cusqui. 

Leyéndolo, recordé a un conocido escritor español que en un artículo relataba su sorpresa cuando un amigo le avisó de que en cierto local tenían a la venta lo que llamaríamos el borrador de una novela suya. Folios de los que se había deshecho arrojándolos en el contenedor de papel más cercano a su domicilio. 

Él, lo mismo que yo, creía que el camión que se llevaba el papel, iría directamente al lugar donde este se recicla para convertirse de nuevo en papel o en cualquier otro material que ignoraba. 

Por tanto su sorpresa fue mayúscula al darse cuenta de que seguramente alguien se adelantaba para husmear los interiores y aprovecharse de lo servible, encontrándose en esta ocasión con la novela de un conocido escritor. Con sus tachaduras a bolígrafo sobre el texto, e incluso anotaciones en los márgenes. 

A lo mejor interesaría a algún doctorando que estuviera haciendo una tesis sobre el autor, y esto a él le daría sus buenos duros. Desde entonces ya no reciclo, dijo el escritor. Y seguro que ahora se fía más de la podredumbre que dejará entre sus folios el contenedor de orgánicos de su Mancomunidad. 

Servidora, que también escribe y deja lo que ya no le sirve en el contenedor del papel, siempre lo destroza concienzudamente antes, pero tras leer el artículo del lunes empieza a sentir cierta inquietud, porque aunque rompe las tarjetas inservibles del banco, ¿son suficientemente pequeños los pedazos? ¿Y aquellas fotocopias de tal o cual documento?, ¿nos veremos obligados a tener en cada casa un destructor de papel por si acaso? 

Naturalmente mi intención es culpar a la Mancomunidad si algún desaguisado surge de mi concienzuda separación de restos. Si ella me exige ciertas prestaciones, también yo puedo exigir vigilancia total sobre mis hogareños y profesionales restos que, por supuesto, en profesionales manos creía dejar. Faltaría más.

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