Aldama dinamita la estrategia socialista

Las explosivas declaraciones en sede judicial del nexo de unión de todas las tramas de corrupción que salpican al PSOE sobrepasan el cortafuegos que Sánchez había montado en torno a Ábalos

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Editorial DN

Publicado el 22/11/2024 a las 05:00

Era un día destinado a dar aire a Pedro Sánchez tras salvar la enésima bola de partido y aprobar la reforma fiscal del Gobierno. Un jueves en el que el presidente lograba la ansiada vicepresidencia europea para Teresa Ribera tras una nueva concesión, en principio contra natura, al apoyar candidatos de ultraderecha en la UE. 

Y, sin embargo, la jornada de este jueves dinamitó toda la estrategia que el partido socialista había diseñado para agotar la legislatura. El cortafuegos que Ferraz había asentado en torno a la figura de José Luis Ábalos fue sobrepasado por las llamas de la declaración ante el juez Ismael Moreno del empresario Víctor de Aldama, el considerado nexo de unión en todas las tramas de corrupción que salpican al PSOE. 

Porque las más de dos horas y media de intervención ante el magistrado fueron mucho más que el tirar de la manta que se pronosticaba. A cambio de su salida de la cárcel en la que se encontraba de forma preventiva, el conseguidor de la trama Ábalos-Koldo contó de forma voluntaria las mordidas a ministros y altos cargos socialistas realizadas por él mismo durante los meses de la pandemia.

Cientos de miles de euros repartidos en metálico y entre los que el propio Aldama situó al navarro Santos Cerdán, al que dijo haber entregado 15.000€ de comisión. Acusación que el nº3 del PSOE negó categóricamente. 

Las declaraciones del empresario, voluntarias, estaban destinadas a lograr un pacto con Anticorrupción y abandonar la prisión. Algo que acabó sucediendo finalmente a primera hora de la noche al manifestarse favorable Fiscalía y solicitarlo a la Audiencia Nacional. Por ello, junto a la debida presunción de inocencia de los señalados, es un motivo de peso para poner en entredicho la declaración de Aldama. Unas acusaciones con tal carga de profundiad que han de ser necesariamente respaldadas por pruebas que dijo tener pero que ayer no presentó. 

Sin embargo, la sombra de la duda es tan enorme, tan corrosiva, que deja muy tocado al proyecto sanchista, que desembarcó en la Moncloa hace seis años tumbando a Rajoy y justificándolo en el pasado de corrupción del PP. Feijóo ya habla de moción de censura y, ésta vez, ni los más acérrimos socialistas podrán jugar la baza del fango.

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