"Es sobria, seca, pero al mismo tiempo resulta muy próxima al espectador. Querer parece producida por la BBC"

Publicado el 17/11/2024 a las 05:00
Vi la serie Querer (Movistar) dirigida por la directora Alauda Ruiz de Azúa por dos razones principales: había escuchado muy buenas críticas de personas en cuyo criterio confío, y constaba de cuatro capítulos de una hora de duración. Mi disposición era óptima hacia la miniserie. Así como en otras ocasiones ciertas películas y productos audiovisuales muy recomendados por la crítica me decepcionaron, en esta ocasión la serie me ganó por completo. Es sobria, seca, pero al mismo tiempo resulta muy próxima al espectador. Querer parece producida por la BBC. A pesar del tema que trata, no deriva hacia el didactismo ni muestra un mensaje explícito. Juega en el terreno de una ambigüedad medida; los personajes se mueven en un tono medio, menor, que la fotografía expresa visualmente en una veladura gris. La narración es pausada, que es el ritmo que exige una historia donde el histrionismo y el aspaviento o la cursilería pueril están ausentes (¡albricias!), lo cual ya fue motivo de aplauso. Si usted está buscando ritmo trepidante, inverosímiles giros de guion y otros recursos hipnóticos, esta no es su serie. Lo hipnótico es la pausa, los silencios, la sugerencia, la violencia que no se exhibe, pero se señala. La ausencia de una banda sonora reconocible, refuerza la intrigante poesía del drama. El enfoque es sugerir antes que mostrar; evocar, no exhibir. El tema no es sencillo de tratar con el temple que demuestra la directora: los abusos sexuales y el maltrato institucionalizado en un largo matrimonio con dos hijos ya adultos. Impresiona el verismo que transmite gracias a un guion milimétrico y unas actuaciones sobresalientes de los cuatro actores principales, especialmente de Nagore Aranburu y Pedro Casablanc, en los papeles de esposa y marido, y cuyas actuaciones transmiten de un modo soberbio diálogos que resultarían muy difíciles de escribir a un buen novelista. Iván Pellicer y Miguel Bernardeau, que interpretan a los hijos del matrimonio, están a la altura de sus mayores. Una serie que trata al espectador como a un adulto.