El Rincón
EH Bildu lo guisa y el PSN se lo come: ¡qué caramelo tan bien envuelto!


Actualizado el 16/11/2024 a las 23:36
Navarra vive en un ciclo político muy estable. Cierto. Se repite como un reloj desde hace casi seis años. Cero sorpresas. Pura rutina. El Gobierno que preside María Chivite, el tripartito PSN-Geroa Bai-Podemos, no tiene la mayoría en el Parlamento y, cada otoño, necesita los votos de EH Bildu para aprobar los Presupuestos.
Es la nueva normalidad que acepta que el PSN prefiera, un año sí y otro también, a un socio con un pasado como el de EH Bildu frente a una fuerza como UPN. Por cierto, no es por convicción, no. En absoluto. Aunque algunos, de tanto repetirlo, se terminan creyendo su propio discurso. Es por pura necesidad táctica. Es para seguir en el Palacio de Navarra, el objetivo al que el PSN subordina cualquier otra consideración ética, de coherencia política o de capacidad de resolver los problemas reales de los navarros (sanidad, vivienda, infraestructuras o impuestos) desde la centralidad de la mayoría. De eso ni hablamos.
Simbiosis de intereses políticos. Esta semana, el Debate sobre el estado de la Comunidad ha sido otra evidencia. EH Bildu alardea sin remilgos de su mayor logro, sacar a la derecha del poder desde hace diez años. Y tienen razón. Hasta del poder en Pamplona gracias al PSN para desalojar a la alcaldesa Ibarrola y cambiarla por Asiron. Porque la apelación de Chivite a que apuesta por el diálogo político es un puro postureo vacío. Apuesta por Bildu, y punto final. Una simbiosis de intereses políticos (yo te ayudo para que sigas en el Gobierno y tú me lo devuelves para que conserve Pamplona) cada día más evidente.
El pacto presupuestario del Gobierno con Bildu esconde unas cuantas joyas. Es la suma de un puñado de medidas sensatas, de otras que evidencian preocupación clientelar por colectivos concretos (de los bomberos a medios de comunicación en euskera) y de otro puñado donde se fija la ideología más pura de Bildu. Es fruto de su estrategia de mostrar cara social. Quién va a estar en contra de un Plan para los Pirineos o de mejorar la Atención Domiciliaria... El caramelo está muy bien envuelto.
No hay puntada sin hilo. Pero lleva perlas cultivadas. Como cuando al hablar de los abusos en la Iglesia Católica se dice que el Gobierno impulsará actividades para “difundir la realidad y la entidad de los abusos producidos en la Iglesia Católica y promover una memoria colectiva, democrática y crítica, que incorpore la voz de las víctimas y estimule el diálogo, como mejor herramienta para establecer mecanismos de prevención, garantías de no repetición”. Y tendrá su partida económica. Por supuesto, nada que objetar a la reparación de las víctimas de abusos en la Iglesia (el arzobispo de Pamplona ha sido muy claro al respecto). Pero tener que escuchar que es Bildu quien da lecciones al resto sobre la memoria y las víctimas cuando todavía no han sido capaces de sacudirse la mochila ética de la condena a ETA suena a esperpento. Esta misma semana lo han vuelto a demostrar en el Parlamento y en la Sakana.
En otra dimensión, el pacto refleja también su obsesión por exigir al Gobierno de Navarra la reducción de las derivaciones de pacientes a la sanidad privada. Pero oiga, si esa es, precisamente, una de las armas para reducir las inaguantables listas de espera. En vez de pensar en términos de colaboración público-privada, de sumar en una comunidad donde hay abundantes recursos, Bildu sólo piensa en excluir a todos los demás. ¿Usted se cree que a quien no le operan va a poner inconvenientes a que le adelanten la fecha gracias a que existen recursos disponibles en la sanidad privada? Al revés. Pues, aquí, no.
Un regalo de 4,4 millones. Y por último, ya para rizar el rizo, el pacto incluye un regalo en forma de 4,4 millones a Bildu. Así, literal. El Gobierno de Chivite se compromete a aprobar enmiendas que presentará en su día Bildu por valor de 4,4 millones. Sin saber para qué, Bildu ya tiene garantizado para sus ayuntamientos o para los colectivos que le interesen la friolera de 4,4 millones. Ver por escrito que el PSN le permite a Bildu regar con dinero público sus intereses es muy descorazonador. Se dirá que siempre han existido enmiendas “clientelares”. Es cierto. Pero el descaro al que se ha llegado en este terreno resulta obsceno. La Cámara de Comptos, que fiscaliza el uso del dinero público, se cansa de reprocharlo cada año con cero eco entre los políticos que disponen de los fondos. Luego hablan de desafección.