"Los que tenemos muchos años, y por eso contamos a tantas personas queridas en el cielo como en la tierra, comprendemos y sentimos cerca el dolor"

Actualizado el 06/11/2024 a las 22:51
Cuando sé de tantas personas que estos días sufren a causa de la terrible Dana, escribir hoy sobre cualquier otra cosa casi sería una frivolidad. La televisión ha traído a nuestras casas las imágenes de lo acaecido y los periódicos y la radio los comentarios de muchas personas de diferente condición y pensamiento político, y todos están, estamos, horrorizados ante el sufrimiento de quienes lo están padeciendo. Y duele en el alma.
Los que tenemos muchos años, y por eso contamos a tantas personas queridas en el cielo como en la tierra, comprendemos y sentimos cerca el dolor de los padres que han perdido algún hijo y de los hijos que han tenido que decir adiós a sus padres.
De los hermanos que ya no podrán abrazar a otro hermano, de amigos que se han quedado sin amigos. ¿Cómo encontrarán consuelo a tanto pesar? También lo material destroza vidas. ¿Qué harán los que se han quedado sin casa?, ¿dónde vivirán?, ¿dónde se refugiarán para llorar a solas o en compañía de los suyos la pérdida de lo que tal vez les ha costado media vida conseguir?.
La casa, nuestro castillo, el refugio que nos protege... el dormitorio; la mesa que nos reúne en las comidas; los electrodomésticos que nos ayudaron; los libros; las fotos; la caja con las figuritas del Belén; el material escolar de los niños... porque todo esto, que por supuesto no es comparable con la muerte, es necesario, es lo que ha hecho la vida de quienes ahora lo han perdido.
Tan doloroso es todo, que comprendo las lágrimas derramadas, tan terrible, que incluso llego a comprender también la ira, la rabia y desesperación de quienes increparon a los políticos visitantes, a quienes acusaban de haberlos olvidado y no haber acudido a tiempo a su demanda de auxilio. Perderlo todo, familiares, amigos, casa... ¿Dejará el dolor voluntad y coraje para volver a empezar?