Una mirada a la salud mental de los adolescentes

Publicado el 26/10/2024 a las 05:00
La salud mental de los adolescentes constituye un tema de reflexión importante que debemos tratarlo con frecuencia, incluso en los últimos años se observa un empeoramiento de la misma.
Son muchos los factores que influyen negativamente en el proceder de los jóvenes en edades comprendidas entre 14 y 20 años. Sin valorar su severidad pueden mencionarse: la incertidumbre ante el futuro, las dificultades económicas, los desajustes sociales, las adicciones y los desórdenes alimenticios. Sensibles a este fenómeno deseamos comentar algunos de sus aspectos y preguntarnos qué hacer para disminuir su impacto en las mentes adolescentes.
¿Qué se entiende por salud mental? Un estado positivo que permite a las personas participar plenamente en sus actividades diarias, desarrollar y aprender habilidades, expresar emociones, relacionarse con los demás, afrontar situaciones complicadas y contribuir a la mejora de la sociedad.
En cambio, su ausencia se caracteriza por una incapacidad para gestionar los problemas del día a día, un consumo abusivo de sustancias tóxicas como el alcohol, el tabaco u otras drogas y la presencia de crisis de ansiedad o pánico, de depresión prolongada en el tiempo, de agresiones personales o autolesiones, de trastornos de conducta y de ideaciones suicidas, entre otros episodios desadaptados.
La adolescencia, etapa relevante por los cambios físicos, emocionales y sociales que experimenta el ser humano, es sumamente vulnerable a los problemas de la patología que estamos comentando.
Según la Organización Mundial de la Salud (2021) uno de cada siete adolescentes sufre alguna afección mental y el estudio de la Fundación Mutua Madrileña (2023) revela que el 59% de los jóvenes españoles afirmaba haber tenido problemas de salud mental en el pasado año, lo que implica una carga de morbilidad elevada en este grupo etario.
El hecho de ocultarlo o aminorar su atención tiene consecuencias graves tanto a nivel del paciente, pues perjudica su madurez psicológica y profesional limitando así sus posibilidades de realización, como a nivel social, pues como futuro ciudadano se encontrará en la adultez imposibilitado para aporta bienestar y progreso a la comunidad.
Mas, ¿qué hacer para prevenir, suavizar o sanar las adversidades mentales que padecen nuestros adolescentes? Primero, se debe destacar la transcendencia del apoyo familiar. No hay otra que acoger a los hijos que las sufren con afecto y comprensión e intentar enfrentarse al problema con decisión y valentía. De nada sirven los desprecios, las humillaciones.
Segundo, el Sistema Educativo tanto Secundario como Universitario ha de promover al respecto redes de comunicación entre profesorado y alumnado y servicios de Orientación y Psicología demostrando así un interés claro para que los estudiantes se perciban valorados, comprometidos e ilusionados en su formación.
Tercero, la asistencia sanitaria, con sus claroscuros en nuestra Comunidad Foral, ha de proporcionar un modelo de ayuda bien estructurado y de fácil acceso para que los adolescentes y sus familias se consideren totalmente asesorados y acompañados en esta coyuntura complicada.
Cuarto, buscar igualmente en entornos de confianza la compañía y el beneficio de personas cercanas e instituciones significativas que puedan brindarles información, consejos provechosos, afinidad emocional y pertenencia a grupos altruistas.
Es necesario destacar también que las estrategias propuestas solo tendrán éxito cuando el joven afectado, además de empatizar con la mirada del que intenta mitigar su adversidad, se anime a considerar sincera y responsablemente las circunstancias personales que está atravesando y el estilo de vida que lleva.
Este proceso de interiorización reforzará su voluntad para vencer obstáculos e irá sintiendo verdadera alegría cuando supere momentos de ansiedad, adelante en sus estudios, practique algún deporte, vigile el sueño y elija amistades que enriquezcan su personalidad.
Concluyo. En nuestro ambiente es posible que conozcamos adolescentes que estén viviendo algún impedimento en su salud mental. Si este es el caso, cuidemos nuestros encuentros con ellos, demos ánimo y trato cordial a él y a los suyos. Todos somos compañeros de un mismo viaje, tenemos parecidos riesgos de caer y fortalezas que nos ayudan a desempeñarnos con acierto y a caminar en la senda de la felicidad.
María Luisa Sanz de Acedo Lizarraga es Catedrática de Universidad en Habilidades del Pensamiento y la Creatividad