"Almodóvar tiene películas buenas, malas, regulares y pésimas. A él todas le parecen maravillosas, por eso prefiere hablar de otras cosas"

Publicado el 20/10/2024 a las 05:00
Como recordaba Alberto Olmos en un artículo reciente, la última vez que Pedro Almodóvar habló de cine en una rueda de prensa fue en 1995. Como muchos cineastas, Almodóvar tiene películas buenas, malas, regulares y pésimas. A él todas le parecen maravillosas, por eso prefiere hablar de otras cosas. Es un genio de la promoción indirecta: tras ganar Zapatero las elecciones en 2004, con 200 asesinados y más de 2.000 heridos por los atentados del 11-M sobre la mesa de la rueda de prensa, Almodóvar presentó su película La mala educación, y dijo: “El PP estuvo a punto el sábado de provocar un golpe de Estado. Tras ocho años de modorra, España ha recuperado la democracia”. Y añadió: “El secuestro y manipulación de la información, eso es oscuridad, no democracia”. Sin embargo, no le fue mal con la oscuridad del PP: estrenó cuatro películas. En la cadena Ser ha afirmado que se le ataca por haber ganado el León de Oro en Venecia con su última película, La habitación de al lado, filmada, según dijo, “Contra los discursos del odio”. Así, en general. Se critican sus opiniones, no su galardón, acaso merecido. Te puede gustar su cine o detestarlo, puedes estar de acuerdo con Carlos Boyero, su némesis en la cadena Ser, o ser chica Almodóvar de toda la vida, pero su película es, como todas, objeto de valoración crítica. En una reciente comparecencia, no sabemos si a cuenta de algo o no, dijo: “Gestar un hijo propio es un gesto egoísta”. Almodóvar es así: dice cualquier melonada porque todo le está permitido, especialmente cuando no habla de cine. Quien sí experimentó la censura férrea fue Luis Buñuel, que logró la Palma de Oro en Cannes gracias al torero Pedrés, cuya cuadrilla pasó las bovinas de Viridiana por la frontera de Francia, ocultas en sus custodias. Así llegó al festival. Ese galardón premió también a Domingo Dominguín, rojo burdeos y productor de la película, en cuya casa acogía a Jorge Semprún y Javier Pradera. Aquella izquierda se la jugaba por la cultura. Pedrito juega con peluches.