"Carles Tamayo filma la vida de un predador sexual que bien podría pasar por un apacible jubilado"

thumb

Juan Gracia Armendáriz

Actualizado el 13/10/2024 a las 00:07

Si me dicen que un youtuber con dos cámaras, un micro, un móvil y tres amigos ha filmado un documental hipnótico, me caigo al suelo de la risa. Pues bien, así es. Carles Tamayo, de quien no había oído hablar antes, utiliza los formatos más rudimentarios para filmar un documental de tres episodios de una hora, titulado "Cómo cazar a un monstruo". 

El autor recibe la llamada de Lluís Gros, antiguo responsable del cine de su pueblo, para que filme un documental sobre su vida e investigue la verdad. Está condenado a 24 años de cárcel por abusos a menores. 

Carles Tamayo graba la vida cotidiana de Gros, que aún no ha ingresado en prisión. ¿Acaso no es culpable? Estamos acostumbrados al género del "true crime", filmado cuando todo ya ha acontecido. Aquí el espectador asiste a los hechos al mismo tiempo que el director, “en tiempo real”, con absoluta inmediatez. 

Filma la vida de un predador sexual que bien podría pasar por un apacible jubilado. Vemos cómo se expresa, come, contacta con posibles víctimas, reza o se cabrea. Está obsesionado por lavar su imagen, pero no puede evitar que asome su lado más perturbador. Es narcisista, es torpe, vive en una realidad paralela. 

¿ERES SUSCRIPTOR? AQUÍ TIENES MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA

Amplía la información sobre OPINIÓN en la edición e-paper de Diario de Navarra, disponible a diario para suscriptores de papel y PDF

Una vez más se demuestra que la vida resulta mucho más extraña que la ficción más alucinada. Lluís Gros lleva toda su vida cometiendo abusos con total impunidad. Consciente de la culpabilidad de un hombre al que todo el pueblo admiraba por su dedicación a los chavales, Tamayo lo filma y graba con el fin de que se ejecute la condena. 

Huye de lo morboso, de lo sensacionalista, y con gran inteligencia y excelente manejo de las técnicas cinematográficas, nos sirve una narración donde no sólo nos muestra a un pederasta que no reconoce su condición, sino también la desidia de quienes lo ampararon; los fallos del sistema judicial; la normalidad con que el pueblo admitía que le gustaban los niños, sus víctimas. 

No revelaré nada, pero el tercer episodio es una auténtica bomba. No pude despegar los ojos de la pantalla. Qué gran, y joven, talento.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora