"Bardem es un grandísimo actor, pero cuando se sale de lo suyo no deja de mandar mensajes triviales y políticamente correctos"

Actualizado el 29/09/2024 a las 23:02
No voy a celebrar este premio, dijo Javier Bardem tras recibir el prestigioso premio Donostia, pues la situación del mundo y el sufrimiento de Gaza no están para celebraciones. Sin embargo, acto seguido estuvo cenando en Akelarre, el templo, según dicen, del cocinero Subijana, tres estrellas Michelín, con el que se sacó una foto, lo mismo que al día siguiente en otro templo de comida fina donde posó con su mujer P, ataviados ambos con una boina, prenda que a nadie sienta bien y se despidieron con un sonoro Eskerrik asko, muy integrados, aunque quizás no saben que en Euskadi se hablan tres idiomas: el euskera, el castellano y el silencio.
Bardem es un grandísimo actor, pero cuando se sale de lo suyo no deja de mandar mensajes triviales y políticamente correctos. Nadie vale para todo.
Tal vez cenar en Subijana no sea celebrar un premio, pero se le parece mucho, aunque la verdad es que si uno se va a privar de celebraciones por las cosas que pasan en el mundo, nunca celebraría nada.
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Los actores, declaró también Bardem, somos todos sensibles y empáticos, lo que es sorprendente. En cualquier profesión hay de todo: buenos y malos, empáticos y antipáticos, sensibles y duros de oído, pero los actores deben ser todos lo mismo. También se vio en el festival la película Nevenka de Bolláin, que no debe ser redonda, pues el arte no es lo mismo que las buenas intenciones.
Pero la auténtica sorpresa de este certamen fue “Tardes de soledad”, del catalán Albert Serra, en el que sigue al diestro Roca Rey: un retrato de la belleza y brutalidad del toreo que le ha valido ataques y descalificaciones. Una película contracorriente, una bofetada que corta el aliento, que inquieta a unos y otros, pros y contra, brutal y poética, con sangre que chorrea, toros que bufan y rituales para conjurar la muerte. No es para el que le guste los toros, sino el cine, ha dicho Serra, que ve en los toros algo profundo y auténtico. Jugarse la vida y salir airoso, es el mensaje, pues qué cosa sino la vida es lo que hay que celebrar.