Sarasate y sus 96 árboles
"Octubre desvelará el prometido plan de plataforma única con el arbolado intacto"

Publicado el 28/09/2024 a las 05:00
Noventa y seis son los árboles que dan sombra, brillo y esplendor al Paseo de Sarasate, el emblemático bulevar pamplonés. Los arquitectos finalistas del concurso han echado cuentas y salen 96. Esto de la población arbórea no lo es todo en el planteamiento del proyecto, pero representa un punto determinante porque escuece en la epidermis ciudadana. Lo saben los arquitectos. El que paga exige y el ayuntamiento pagador puso dos condiciones capitulares: plataforma única y arbolado intacto. Imaginemos la contratación, en guión cinematográfico: “ustedes verán lo que hacen, señores concursantes, ilustres representantes del arte de hacer ciudad, pero me van a dejar la acera de San Nicolás al mismo nivel que la de Correos, en la otra orilla, y ni se les ocurra tocar un árbol de los 96, salvo abrazos troncales para darles cariño y larga vida”.
Ay, las cifras. Es una casualidad más, una de tantas, pero con ese toque especial que no tantas veces pone el azar en el plato del día. Resulta que fueron 96 (y 5 más) los árboles talados en las obras de Beloso. La tala nos dejó la nostalgia de la sombra, que es “el alma visible de las cosas”, según el poeta.
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Los 96 árboles del Paseo de Sarasate están a salvo. Así lo ha venido asegurando el alcalde Asiron, aunque ya en las cercanías de la fecha dejó caer esta inquietante advertencia: “uno o dos árboles no van a condicionar todo el proyecto de Sarasate”. Una forma de hablar, seguramente. Pero, ¿cuántos serían uno o dos árboles entre 96, llegado el caso? Vamos a pensar que cero, que no habrá que talar ninguno. Ni apear, la versión edulcorada que emplearon en Beloso para disimular. Si el anteproyecto ganador, cualquiera de los cinco, puede salvar 94 árboles, podrá extender el seguro a todo riesgo a uno o dos más, estén donde estén, junto a San Nicolás o frente a la desaparecida Casa de Baños, que ahora se levanta en los libros de Arazuri y Martinena.
Octubre se asoma por el calendario y los arquitectos andarán cerrando carpetas. Es la fecha. Cuántas vueltas no habrán dado por el viejo bulevar, su espacio de los sueños. Porque ni inteligencia artificial ni nada: hay que pisar la calle, mirarla, admirarla, lamentarla, imaginarla. Luego, elegido un anteproyecto, meterán la excavadora en cuanto Cáritas levante la tómbola de 2025. Hoy como ayer, y probablemente como mañana, los Sanfermines marcan la agenda de la ciudad. El 15 de julio tiene en Pamplona algo de 1 enero, con resaca de fiesta y bostezo de volver a empezar. Un proyecto como este de Pamplona es de los que abren página en el historial de un arquitecto. Tampoco resultará sencillo. El paseo salió airoso de su último arreglo y ha funcionado perfectamente para tantas funciones encomendadas por la ciudad al cabo del año. La prueba es que no se sabe de quejas vecinales, con pancarta y concentración, exigiendo reformas. Claro que tampoco hay noticia de ninguna coordinadora contraria al cambio. Venga; con 10,2 millones por banda, las obras irán viento en popa a toda vela. (Con los árboles a cubierto. ¿O no?).