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"Hay más frialdad en el respaldo de Chivite al consejero de Salud que en un Calippo lima-limón"
La Administración tiene bula. Se resfría, a veces llega a toser incluso, pero quien al final siempre yace en la cama apalizado por la fiebre es el ciudadano, pobre eterno pagano


Actualizado el 29/09/2024 a las 00:17
–Haga el favor de poner atención en la primera cláusula porque es muy importante. Dice que la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte. ¿Qué tal? Está muy bien, ¿eh?
–No, eso no está bien. Quisiera volver a oírlo.
–Dice que la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte.
–Esta vez creo que suena mejor.
–Si quiere se lo leo otra vez.
–Tan sólo la primera parte.
–¿Sobre la parte contratante de la primera parte?
–No, sólo la parte de la parte contratante de la primera parte...
Les sonará este diálogo entre Groucho y Harpo Marx en 'Una noche en la ópera'. Una parodia brillante del lenguaje administrativo, un busto en mármol de la burocracia, una sátira de quienes caminan en círculo con el único plan de hacer como que se mueven aunque en verdad no llegan a sitio alguno. Demuestra práctica en esto último el Gobierno de Navarra respecto a las listas de espera sanitarias, que, si se combatieran únicamente con palabras, ya podrían haber sido rebajadas a la mitad. Al consejero de Salud, Fernando Domínguez, le va a hacer falta mucho más que buenas intenciones para evitar que las cifras, de récord histórico el verano reciente, le sepulten. A la presidenta María Chivite, socialista, no le ha quedado más remedio que declarar que apoya a su consejero, de Geroa Bai. Ahora bien, sin excesos: “Tiene el apoyo de la presidenta como el resto de consejeros y consejeras”. Hay más frialdad en este respaldo que en un Calippo lima-limón.
Dicho esto, lo relevante es que, mientras gobernantes y opositores recitan sus manuales o mientras el PSN trata de que la impopularidad de las listas de espera queme a su socio Geroa Bai pero ni siquiera caliente a Chivite –intento vano pues en un gobierno la responsabilidad no puede sectorizarse con paredes de pladur–, los pacientes sufren aguardando una citación del oftalmólogo o sintiéndose pelotas de ida y vuelta entre el médico de cabecera y el especialista. La Administración tiene bula. Se resfría, a veces llega a toser incluso, pero quienes al final siempre yacen en la cama apalizados por la fiebre son los ciudadanos, pobres eternos paganos. Los golpes, para ellos. Y no sólo en cuestión sanitaria. Porque no se concibe fiable un engranaje institucional incapaz de hacer público que los fondos de ayudas para rehabilitación de viviendas llevaban meses agotados y por ello, como ha ocurrido, muy capaz de dejar tirados a cientos de navarros que, como la convocatoria seguía abierta, presentaron en plazo sus proyectos. Proyectos que ya les han supuesto un desembolso económico. Entre sus argumentos de defensa, Vivienda alega que se acumularon muchas solicitudes en los últimos días de la convocatoria. El técnico o funcionario ante una montaña de papeles se usa a menudo como imagen representativa de una Administración paquidérmica. O, por acabar por el principio, digna de los Marx:
–Oiga, ¿por qué hemos de pelearnos por una tontería como ésta? La cortamos.
–Sí, es demasiado largo. ¿Qué es lo que nos queda ahora?
–Dice ahora: la parte contratante de la segunda parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte.
–Eso sí que no me gusta nada. Nunca segundas partes fueron buenas. Escuche, ¿por qué no hacemos que la primera parte de la segunda parte contratante sea la segunda parte de la primera parte?